Reclama tu Poder

Pensamiento: “No me pasará nada si suelto mi historia”

Si yo pudiera influir en un problema humano, lo que haría sería aliviar a todos del insoportable sufrimiento de ser víctimas. El problema de este deseo es, por supuesto, que yo no tengo el poder de aliviar nada en nadie, ni siquiera el hecho de ser una víctima. Únicamente tú puedes ayudarte. Todas las personas que he conocido en mi vida tienen alguna historia en la que han sido victimizadas. La mayoría de nosotros culpa de sus deficiencias a sus padres, mientras que otros culpan a sus profesores, a sus ex maridos o ex esposas, a sus agresores, a sus líderes religiosos, a sus amigos o a sus abuelos. Muchos de nosotros sentimos que hemos sido maltratados en nuestros trabajos, que nuestras familias se han aprovechado de nosotros, que hemos sido abandonados por Dios o que hemos sido víctimas de la vida en general.

La historia de la victimización nos dice que, en algún momento a lo largo del camino, nos han hecho daño y que los crímenes cometidos contra nosotros son la causa de nuestro dolor. Esa es una historia que, si nos la creemos, nos limitará y nos quitará nuestro poder personal. La mayoría de nosotros ha reunido pruebas contundentes que confirman la percepción de que somo víctimas de la vida. Y esa es, ciertamente, una manera de ver la vida. Si vemos la vida desde la perspectiva de que no somos los co-creadores de nuestra realidad, entonces sí nos han hecho daño. Pero si cambiamos nuestro punto de vista, encontramos una realidad más grande, más poderosa, que nos dice que nosotros somos los co-creadores de nuestra propia experiencia.

La consciencia de víctima es una parte tan integral de nuestras historias que ni siquiera podemos ver cuán profundamente afecta a nuestras vidas. Incluso si no nos sentimos víctimas del mundo exterior, muchos de nosotros nos convertimos en víctimas de nuestro propio maltrato. En lugar de proyectar la culpa en otras personas, le damos la vuelta y la proyectamos en nosotros. Algunos pensamos que somos mejores personas si nos machacamos en lugar de depositar la culpa en la gente de nuestro entorno. Si preferimos culparnos a nosotros mismos, es probable que tengamos sentimientos de severidad sobre aquellos que prefieren culpar a los demás. Pero, de cualquier modo, nosotros somos las víctimas: o somos las víctimas de otra persona, o somos las víctimas de nosotros mismos. De cualquier manera, nos quedamos sin poder, y cuando nos sentimos así somos impulsados más profundamente al interior de nuestras historias.

EL PRECIO DE CULPAR

Mientras obtengamos algo de nuestras historias, nunca podremos salir de ellas. Sin darnos cuenta, la mayoría de nosotros obtiene grandes recompensas al hacer que los otros estén equivocados. Señalar a alguien y asignarle la culpa nos proporciona una satisfacción interior. Somos capaces de hacer cualquier cosa para evitar asumir la responsabilidad de nuestro papel en nuestros dramas. Pero culpar a los demás y aferrarnos al dolor de nuestro pasado significa entregarnos a una vida de limitación e infelicidad. Y mientras continuemos culpando a los demás por nuestras circunstancias no tendremos ninguna libertad, porque nuestro resentimiento nos mantiene atados a esas mismas personas – y a las mismas circunstancias que no nos gustan. Mientras llevemos en nuestros corazones la semilla del resentimiento tendremos que crear algún tipo de sufrimiento, de drama o de descontento en nuestras vidas para poder mantener viva la culpa. Mientras estemos empeñados en ser la víctimas de alguna otra persona, tendremos que encontrar la manera de sabotearnos a nosotros mismos para poder justificar nuestro resentimiento.

La única manera de salir de esta trampa es asumiendo la responsabilidad. En el nivel más profundo, muchos de nosotros evitamos asumir la responsabilidad total y completa de los acontecimientos de nuestras vidas. Hacemos esto porque, a menudo, al asumir la responsabilidad sentimos como si estuviéramos dejando libre a alguien que nos ha hecho daño. Pero, en realidad, asumir la responsabilidad es la única manera en que podemos liberarnos a nosotros mismos.

PERDONAR A TUS PADRES

Asumir la responsabilidad es un proceso que a menudo llega en capas. He conocido personas que, incluso después de años de terapia y de numerosos seminarios de transformación, se dieron cuenta de que seguían culpando a sus padres de su suerte en la vida. Puesto que no querían sentir que habían desperdiciado todo ese tiempo y dinero, adoptaron un enfoque espiritual que le decía que debían asumir la responsabilidad de su realidad. En lugar de explorar el resentimiento profundamente arraigado que sentían hacia sus padres, intentaron mejorar sus historias diciendo cosas como: “Mis padres hicieron lo mejor que pudieron con lo que sabían. Ellos tenían su propia carga pesada. No es justo culparlos.”

Asumir la verdadera responsabilidad es un proceso y es la única manera de salir de la historia de la víctima.

Hay muchas capas de sanación cuando se trata de nuestros padres. Podemos sentirnos libres en un momento dado, y luego ocurre algo y descubrimos otro nivel de dolor. Pero si no estamos floreciendo en nuestras vidas, eso quiere decir que todavía estamos cargando con un poco de “Mira lo que me hiciste” respecto a nuestros padres. El resentimiento es muy profundo. Podemos tardar toda una vida en quitar todas las capas. Pero si no reconocemos que las tenemos, jamás progresaremos como quisiéramos.

Si estamos continuamente bloqueados o estancados y no encontramos satisfacción en nuestras vidas, eso quiere decir que todavía tenemos resentimiento. Podríamos considerar que en realidad estamos negándonos la grandeza para poder justificar nuestra culpa.

Es importante que empecemos a identificar a las personas a las que culpamos de no estar viviendo la vida de nuestros sueños. Las personas a las que culpamos nos proporcionan la excusa perfecta para nuestro autosabotaje. Inconscientemente, las estamos culpando de que no seamos lo exitosos o lo felices que podríamos ser.

¿CUAL ES TU EXCUSA?

Siempre que echamos la culpa a otras personas, estamos usándolas como nuestra excusa para no vivir nuestra vida con plenitud. Como seres humanos, somos expertos inventando excusas para justificar la situación de nuestras vidas. Como un leopardo que se mezcla con la selva que lo rodea, nuestras excusas se camuflan como verdades. Se ocultan y nos susurran bajito a nuestros oídos cada vez que intentamos ir más allá de las fronteras de nuestra historia. La parte que da más miedo es que la mayoría de nosotros consideramos que nuestras justificaciones son verdades, en lugar de ser excusas. Para que podamos liberarnos de nuestras historias, debemos estar dispuestos a sacar a la luz las excusas que utilizamos para mantener nuestras historias. Con una mirada de discernimiento, debemos examinar nuestros dramas diarios, repasar nuestra lista de motivos y coartadas, y preguntarnos: “¿Es esta la verdad, o es sólo un excusa?”

Para iniciar el proceso transformador de desmantelar nuestra realidad actual, debemos sacar a la luz las excusas que usamos para no progresar y para impedirnos manifestar todo lo que deseamos en la vida. Nuestras excusas actúan como contenedores invisibles que nos rodean y establecen las fronteras de adónde podemos ir y qué podemos conseguir. Imagina que estás rodeado por un recipiente transparente de cristal. Cada vez que deseamos ir más allá de esa frontera invisible, chocamos contra el cristal y volvemos a deslizarnos hasta el lugar inicial. Esto es lo que ocurre cuando nos creemos nuestras excusas.

Nuestras excusas pueden tomar muchas formas: “Eso no me va a ocurrir nunca”. “No puedo tenerlo todo”. “No tengo la valía suficiente, la edad suficiente o la inteligencia suficiente”. ¿O que te parece “Soy demasiado mayor, demasiado estúpida, demasiado gorda, estoy demasiado cansada, demasiado (llena el espacio)”? ¿Te suena familiar “Estoy bloqueado, estoy estancado, estoy confundido, no puedo evitarlo” o “No lo sé” ¿Y qué tal “Soy demasiado perezoso, no tengo la energía suficiente, dejo todo para el último momento” o “Ocurrirá cuando Dios quiera, no cuando yo quiera”? Quizás tu excusa sea “Necesito más estudios, más información o más ayuda”. ¿Te suena familiar “No estoy preparado, lo haré mañana, jamás estaré preparado”? ¿Y qué tal “Si hubiera tenido una infancia distinta, si al menos tuviera un modelo a seguir”, o “Es culpa de él, es culpa de ella, si él cambiara, si ella cambiara”; “No tengo lo necesario; definitivamente, otra persona lo haría mejor”? ¿Te suena familiar la sensación de impotencia? ¿Y qué tal “Necesito ayuda”, “Si digo lo que pienso, caeré mal a la gente” o “Si realizo mi potencial estaré solo”; y “¿Acaso no he hecho ya lo suficiente?” ¿Cómo te suenan estas excusas?

Nuestros dramas personales – nuestro dolor, nuestras quejas y nuestro descontento – suelen convertirse en nuestras excusas para no manifestar nuestro Yo más magnífico. Nuestros dramas ocupan tanto espacio en nuestras vidas que la mayoría de nosotros no se conocería sin ellos. Para desprendernos de nuestros dramas e ir más allá de nuestras perspectivas limitadas, debemos ver qué obtenemos nosotros al aferrarnos a ellas.

Un proceso rápido que puedes usar para ver si estás creando una excusa es hacerte las siguientes preguntas:

1.- ¿Esta es la verdad, o es una excusa que ya he oído antes?

2.- ¿(Nombra a una persona que admiras o respetas) vería esto como la verdad o como una excusa?

3.- ¿Soy responsable de esta elección, o estoy haciendo responsables a otras personas, o a Dios, o a la vida?

Cierra los ojos y respira entrando en este pensamiento: En este instante tengo el poder innato de cambiar la dirección de mi vida. ¿Te sientes fuerte o débil? No hay nada más emocionante para nosotros que saber que tenemos el poder para cambiar. Podemos elegir cómo queremos ver el mundo. O nos inspira la posibilidad de ser co-creadores de cada acontecimiento de nuestras vidas, o seguimos siendo víctimas de nuestras creencias-sombra, las cuales nos quitan poder, diciéndonos que no merecemos tenerlo todo.

Incluso si has estado viviendo dentro de la historia de que la vida te ha tratado mal, cuando seas capaz de decir: “Yo me estoy haciendo esto a mi mismo”, tendrás el poder para detener eso o de hacer algo distinto. La voz del poder dice: “Yo lo estoy haciendo. Yo lo creé. Soy responsable de ello. Puedo cambiarlo”. La voz de la impotencia dice: “No puedo evitarlo, Ellos me hicieron eso a mí. No puedo salir de esto”. En cada momento de tu vida tienes la oportunidad de elegir en qué mundo quieres vivir. Esta es tu oportunidad de definir tu mundo.

Poderoso…Impotente….Tú eliges.

PASOS DE ACCIÓN SANADORES

  1. Haz una lista de todos los ámbitos de tu vida en los que estás experimentando limitación o frustración, o en los que no estés recibiendo todo lo que deseas. A continuación, cierra los ojos, respira hondo hasta el interior de tu corazón y date permiso para ser completamente sincero. Con los ojos todavía cerrados, hazte las siguientes preguntas, anotando todo lo que surja.
    • ¿A quien culpo del estado en que está mi vida?
    • ¿A quien echo la culpa cada vez que no consigo manifestar todo mi potencial?
    • ¿Qué comportamientos, adicciones o pautas auto destructivas utilizo para probar que me han hecho daño o me han tratado mal?
    • ¿Qué compensación recibo al hacer a otras personas responsables de mi realidad? ¿Qué consigo fingir, evitar o negar?
  2. En una hoja de papel, haz una lista de todas las excusas que utilizas para justificar por qué no puedes realizar las cosas que más deseas. Cuando hayas terminado, lee tu lista de excusas en voz alta. Luego cierra los ojos y entra en tu interior. Respira hondo unas cuantas veces y hazte las siguientes preguntas, escribiendo después en tu diario cualquier revelación que recibas.
    • ¿Cuantos años he estado usando esta excusa?
    • ¿Qué necesidad satisfacen mis excusas?
    • Si me desprendo de mis excusas, ¿a qué sentimientos y experiencias de los que ahora no dispongo tendré acceso?

Te invito a ser honesto con tus respuestas. Darte cuenta de tus excusas, de aquello que utilizas para seguir estancado en viejos patrones de comportamiento te ayudará a poder identificarlos y soltarlos. No trates de ser espiritual y de culparte a ti mismo, mira a ver, con sinceridad, a quien estás haciendo responsable de tu vida, de lo que puedes o no puedes hacer. ¿Responsabilizas a tu pasado? ¿Al dinero? ¿A tus padres? ¿A tu educación? ¿A tu pareja? ¿A tu falta de autoestima? ¿A tu soledad? ¿A tus hijos? ¿Al gobierno? ¿A Dios? No seas espiritual, SE HONESTO.

Fuente: El secreto de la sombra. Debbie Ford ❤

Hace mucho que no comparto una canción y últimamente hay una de Coldplay que no paro de escuchar. Me encanta la canción y el vídeo con temática de la India. Espero que os guste. 🙂


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