De la guerra a la paz

hábito de ofenderse

“Siempre que me siento pesimista por como está el mundo, pienso en la puerta de llegadas del aeropuerto de Heathrow. La opinión general da a entender que vivimos en un mundo de odio y egoísmo, pero yo no lo entiendo así. A mi me parece que el amor está en todas partes. A menudo no es especialmente decoroso, ni tiene interés periodístico, pero siempre está ahí. Padres e hijos, madres e hijas, maridos y esposas, novios, novias, viejos amigos. Cuando los aviones se estrellaron contra las torres gemelas que yo sepa ninguna de las llamadas telefónicas de los que estaban a punto de morir fue de odio ni venganza, todas fueron mensajes de amor. Si lo buscáis, tengo la extraña sensación de que el amor en realidad está en todas partes.”

~ Película Love Actually ❤

La semana pasada compartía un vídeo en facebook sobre la bondad y rápidamente era uno de los más vistos y valorados de mi muro. Supongo que de alguna manera la bondad, los gestos de cariño o de amor nos llegan de una manera especial, y algo dentro de nosotros se reconoce en esos sentimientos. Nos emocionan porque la parte de nosotros que está en sintonía con ese sentir se “enciende” cuando los ve. Al igual que la canción que dice que “El amor está en todas partes (Love is all around)”, la bondad también está a nuestro alrededor esperando a que la reconozcamos.

“¿Bondad?. Quizás nos parezca absurdo plantearnos siquiera este tema. Nuestro mundo está lleno de violencia, guerras, terrorismo y devastación. Pero la vida continúa porque nos comportamos con bondad unos con otros. Pero no nos ufanamos de ello. Ningún periódico publicará mañana la noticia de una madre que le leyó a su hijo un cuento para que se durmiera, o de un padre que le preparó el desayuno a su hija, o de alguien que nos ha escuchado con atención, de un amigo que nos ha animado, de un extraño que nos ha ayudado a acarrear la maleta. Pero si nos detenemos a reflexionar en ello, hallamos bondad en nuestra andadura cotidiana.”

“La bondad está ligada a lo más tierno e íntimo que llevamos en nuestro interior. Es un aspecto de nuestra naturaleza que con frecuencia no expresamos plenamente, porque tememos que si rebelamos esta faceta vulnerable de nuestro ser nos pueden hacer sufrir, ofender, ridiculizar o manipularnos. Pero en realidad comprobamos que cuando no la expresamos es cuando sufrimos. Y que al tocar ese núcleo de ternura, nuestro mundo afectivo se enriquece y estamos abiertos a innumerables posibilidades de cambio.” ❤

Fuente: El Poder de la Bondad de Piero Ferruci

 

Si la bondad es parte de nuestra naturaleza esencial, ¿porque nos cuesta tanto dejarnos llevar por ella? ¿Por qué nos pasamos la mitad del tiempo en guerra contra los demás y contra nosotros mismos?

Varias personas me habían recomendado la película “Mandarinas (2013)“, nominada a los premios Oscar como mejor película de habla no inglesa 2014. La semana pasada al fin tuve la oportunidad de verla y me gustaría hablar un poco de ella en esta entrada sobre la bondad.

Se trata de una película modesta que trata el conflicto de la guerra desde la perspectiva de cuatro personajes: Ivo, un estonio que a pesar de la guerra decide quedarse en su casa y ayudar a su vecino, Margus, con su cosecha de mandarinas; y dos soldados de bandos rivales, un checheno y un georgiano, que sufren heridas tras un enfrentamiento delante de la casa de Margus y que son atendidos por Ivo.

Esta película trata de responder a la pregunta de ¿somos bondadosos por naturaleza? ¿Puede la bondad transformar el odio? ¿Puede el odio prevalecer cuando somos capaces de conocer al otro, de ponernos en su piel? El personaje de Ivo representa la bondad, a pesar de sus circunstancias (que se descubren al final de la película y que no voy a adelantar) ha decidido vivir con el corazón en paz en medio de una guerra. Acoge a los dos enemigos en su casa mientras se curan sus heridas, y acompaña de manera magistral, como un líder del corazón, a los dos soldados desde su corazón en guerra a un corazón en paz. Escucha y acepta las posturas de cada uno, los obliga a convivir y a conocerse, lo que les abre los ojos a la persona detrás del rival, al igual más allá de las diferencias religiosas. Tanto el georgiano como el checheno parten de un corazón en guerra que la bondad de Ivo ayuda a abrir.

Ivo es de esas personas que te hacen creer en la bondad del ser humano, en que en el fondo esa humanidad está ahí, quizás no muestre la cara o sea noticia hasta que se manifiesta de manera abrumadora como por ejemplo cuando sucede una catástrofe. Supongo que casi todos tendréis en la retina y en el recuerdo las imágenes, mil y una vez repetidas por televisión, del atentado de Atocha: gente sentada en las aceras sosteniendo la mano de los heridos, personas a las que no conocían de nada y que probablemente nunca más volverían a ver. Enfermeras, equipos de bomberos, médicos, psiquiatras que se volcaron, dejando por un momento sus vidas en suspenso, para acudir a la llamada de la solidaridad. Gente que saltaba a las vías para ayudar en lo que pudieran, vecinos con mantas, con aquello que tenían en casa dispuestos a ir más allá de ellos mismos en favor del otro. A pesar de que eran momentos de dolor, frustración y profunda tristeza, la bondad estaba presente y se hacia notar en miradas de consuelo, de apoyo, de acompañamiento. Era profundamente conmovedor sentir toda esa oleada de solidaridad y cariño.

El problema fundamental en nuestros hogares, nuestros lugares de trabajo y nuestros campos de batalla es que, con demasiada frecuencia, nuestros corazones están en guerra. Esto es, con demasiada frecuencia, elegimos ver a las personas como objetos. Para encontrar la paz, primero debemos comprender cómo nosotros y otros hemos renunciado a la paz y elegido la guerra. Nadie puede obligarnos a tener un corazón en guerra. Cuando nuestros corazones están en guerra es porque nosotros lo hemos decidido así.

Así que para empezar a salir de la cárcel del resentimiento lo primero que tengo que reconocer es que mi corazón está en guerra respecto de esa persona, o respecto de mi mismo, y después desear salir. Tengo que reconocer que mi corazón desea la paz por encima de todo. Que no puedo sentirme bien mientras albergue algún conflicto, mientras mantenga algún enemigo, mientras alguna brasa del rencor siga viva.

Mi corazón empieza a estar en paz cuando me he cansado de estar en guerra. Cuando quiero descansar en el abrazo de la bondad, del cariño, del amor, empezando por mi misma. Cuando me empiezo a dar todo eso que exijo a los demás. Cuando empiezo a verlos como lo que son, seres que al igual que yo cargan con sus propias cruces, incertidumbres y dolores. Cuando deseo ver más allá de lo que me muestran. Dice Un Curso de Milagros que SOLO EL AMOR ES REAL: que todo es por lo tanto un ofrecimiento de amor, o una petición de amor.

Y la petición de amor de los demás es la tuya propia.

Así que ¿no te tenderías una mano? ❤ ❤

El perdón me libera

¿Quién puede nacer de nuevo en Cristo sino aquel que ha perdonado a todos los que ve, o en los que piensa o se imagina? ¿Quién que mantenga a otro prisionero puede ser liberado? Un carcelero no puede ser libre, pues se encuentra atado al que tiene preso. Tiene que asegurarse de que no escape, y así, pasa su tiempo vigilándolo. Y los barrotes que mantienen cautivo al preso se convierten en el mundo en el que su carcelero vive allí con él. Sin embargo, de la liberación del preso depende que el camino de la libertad quede despejado para los dos.

Por lo tanto, no mantengas a nadie prisionero. Libera, en vez de aprisionar, pues de esa manera tú quedas libre. Los pasos a seguir son sencillos. Cada vez que sientas una punzada de cólera, reconoce que sostienes una espada sobre tu cabeza. Y esta te atravesará o no, dependiendo de si eliges estar condenado o ser libre. Así pues, todo aquel que aparentemente te tienta a sentir ira representa tu salvador de la prisión de la muerte. Por lo tanto, debes estarle agradecido en lugar de querer infligirle dolor. (*)

Cierra los ojos y permite que alguien que te irrite, alguien a quien necesites perdonar venga a tu mente. Trae a tu mente todo lo que piensas de esa persona, cuál es la historia que mantienes sobre ella, lo que crees que debería hacer o dejar de hacer. Se honesto contigo. Imagina que cada uno de esos pensamientos es un barrote de la cárcel donde lo mantienes prisionero. Tú eres el guardián, el carcelero, y en tu mano está la llave que abre esa prisión. Lo mantienes encerrado porque lo consideras culpable y responsable de lo que estás sintiendo.  Al considerarlo culpable, crees que se merece el castigo de estar encerrado. Para seguir manteniéndolo en prisión tienes que mantener la causa de su culpabilidad, que es lo que estás sintiendo y pensando, tú historia sobre él. Luego para que él siga prisionero tú tienes que seguir sintiendo lo que estás sintiendo. Te lo vuelvo a repetir, al considerar que la prueba de su culpabilidad es lo que estás sintiendo, tienes que seguir sintiéndolo para mantener esa culpabilidad que justifica el que esté en prisión. Si dejases de sentir lo que estás sintiendo, que crees es la razón para mantenerlo encerrado, la prueba de su culpabilidad, él quedaría libre y no se haría “justicia”. 😉

Así que para hacer “justicia”, te tienes que castigar a ti mismo manteniendo tu dolor, sufrimiento, y de esta forma su cautiverio. Y también el tuyo…

Para que él siga siendo culpable tienes que seguir sosteniendo tu sufrimiento, tu dolor, tus juicios (la espada). Si quieres soltarlos y estar en paz, tienes que liberar al cautivo también. O los dos estáis cautivos, o los dos sois libres.

Tú decides, ¿paz (soltar el dolor, el sufrimiento) o tener razón (seguir manteniendo tu historia)? Tú decisión está ahí, en cuanto realmente deseas ser libre. En cuanto valoras la paz en lugar del dolor y del sufrimiento emocional. Esto es lo único que se te pide, que elijas el perdón para liberarte. El resto ya no depende de ti.

“Tu función es estar dispuesto a perdonar, estar dispuesto a elegir paz en lugar de lo que estás eligiendo en este momento que siempre es una forma de tener razón: es decir validar tus propios juicios sobre ti, el mundo y los demás. Por lo tanto, estar dispuesto a perdonar es estar dispuesto a entregarme tus juicios para que los re-interprete y los utilice con el propósito de la Unidad.” 

(*) Lección 192 de Un Curso de Milagros, “Tengo una función que Dios quiere que desempeñe”

Fuente: Blog Abre Tus Alas

Y para terminar esta entrada, un poco más larga de lo habitual, el vídeo sobre la bondad que compartí en facebook. Puede que ya lo hayas visto, pero te animo a que lo veas de nuevo. Y puede que después de verlo mires alguno de los conflictos que mantengas en tu vida y decidas soltarlos. Cuando la bondad entra en nuestro corazón, todas las defensas se caen, y nuestro corazón está por fin en paz.

Y un extra de la película “Love Actually“. 🙂

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¡Feliz semana! ¡Sed felices! 🙂

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