Elijo ser feliz hoy

Hace unos meses compartí un artículo acerca de la sección del texto de Un Curso de Milagros: Reglas para tomar decisiones.

Ese texto era: ¿Qué clase de día vas a decidir tener?

Lo que el Curso sugiere es que antes por ejemplo de levantarte de la cama y empezar con las actividades del día, elijas la clase de día que quieres tener.

En mi caso esa elección últimamente es siempre la misma:

Elijo ser feliz hoy.

Simplemente traer ese recordatorio a mi mente ya me despierta una sonrisa. 🙂

Eso no quiere decir que el día transcurra apaciblemente, puede que sí, puede que no. Lo que significa es que más allá de lo que parezca suceder, mi decisión es ser feliz.

Así que si surge alguna situación que parezca amenazar tu paz, algo que parezca reclamar tu atención, en lugar de involucrarnos y dejarnos llevar por ella, nos recordaremos cual es nuestro propósito hoy.

Nos recordaremos que nuestra decisión es ser feliz.

Esa felicidad no es la felicidad del ego que siempre está condicionada a algo externo. A un escenario determinado.

Esa felicidad es una felicidad no condicionada. No está supeditada a ningún escenario concreto, a ningún resultado.

Mientras estoy escribiendo estas líneas en la cafetería está sonando una canción interpretada por Michael Bublé que se titula: When you’re smiling.

Un reflejo de mi decisión de ser feliz hoy.

Estos últimos días he estado experimentando mucha tensión y dolor. Ahora mismo mientras escribo hay dolor, y tensión.

Estamos acostumbrados a creer que necesitamos que el dolor desaparezca para poder ser felices.

Eso es lo que creemos.

Pero no es así.

El gran descubrimiento es que realmente no necesitas que nada sea diferente, que nada cambie para ser feliz porque el ser que cree que necesita que ese dolor, o ese malestar, o esa situación cambie no es donde reside tu felicidad.

Así que para ese ser, con el cual nos hemos identificado, siempre habrá algo que tendría que ser diferente en este instante.

Esa es la forma de retrasar la felicidad al convertirla en esa zanahoria detrás de la que caminamos sin llegar nunca a alcanzarla.

Y ya sabes el papel que te toca en el juego del burro y la zanahoria. 😉

La felicidad de la que hablo es simplemente el reconocimiento de aquello que no cambia, ese espacio, esa presencia pacífica que siempre está presente.

Esa presencia no se ve afectada por nada de lo que parece suceder en la superficie.

Es ese observador silencioso que atestigua pero sin involucrarse en nada de lo que aparece en él.

Todo lo que percibimos, lo que tiene forma, ya se trate de un pensamiento, una sensación, de un objeto, un sonido, está apareciendo en ese espacio abierto que no se resiste a nada.

Ese observador no tiene ningún mecanismo de resistencia, nada le afecta.

Es un mirar con desapego, o como dice Jesús en el Curso: mirar sin juicio.

Porque ese observador no puede juzgar.

Cuando notas una resistencia, una contracción, ese ser que se contrae, que se resiste es observado con total tranquilidad por el observador.

Esa identificación con la mente del ego, con el pensamiento, con la identidad personal es percibida por esa presencia sin interferir con ella.

Sin tratar de cambiarla.

Sin luchar contra ella.

Sin que haya ningún esfuerzo por su parte en ese ser consciente.

Nada podría aparecer sin esa conciencia.

Sin ese ser consciente.

Si te detienes por un instante y te centras en la respiración, por ejemplo.

Hazlo ahora.

Cierra los ojos y lleva tu atención a la respiración.

Simplemente observándola como observarías por ejemplo tu mano.

Si lo haces verás que hay algo que es consciente de esa respiración, de esa inspiración y expiración.

Pero, si prestas atención. ¿Está ese observador respirando?

Compruébalo por ti mismo.

Ahora.

Lleva tu atención a la respiración.

¿No hay algo que ya es consciente de esa respiración?

No hagas nada con la respiración, si está agitada está bien, si está tranquila está bien. No actúes sobre la respiración, simplemente presta atención y verás que hay algo que es consciente de esa respiración agitada o tranquila.

¿Está eso que es consciente de la respiración respirando?

¿Se ve afectado por la respiración?

¿Cambia a medida que la respiración cambia o permanece inalterado?

¿Apareció cuando fijaste tu atención en él o siempre estuvo ahí?

¿Desaparecerá cuando dejes de ser consciente de él?

¿Se ve afectado ese observador por lo observado?

Haz la prueba por ti mismo.

Hay una sabiduría en ti que no has aprendido que sabe las respuestas.

Una certeza donde las dudas no tienen cabida.

La felicidad que elijo hoy no es la felicidad del ego.

Es la felicidad del Ser.

Al no ser condicionada, siempre está disponible.

Al igual que la pantalla sobre la que se proyecta la película en el cine siempre estuvo ahí, pero nuestra atención, nuestro enfoque nunca estuvo en la pantalla sino en las imágenes proyectadas.

Estamos absorbidos por la película del mundo.

Ese es el propósito del mundo que fabricamos, ser una cortina de humo, una distracción.

Elijo ser feliz hoy.

Es mi decisión.

Es el poder de la mente.

Nada puede detenerme, nada puede retrasarme, nada puede impedir que experimente la felicidad, la dicha, la paz ahora.

No hay fuerzas que parezcan estar contra mí.

Nada tiene el poder de robarme mi paz o mi felicidad.

Solo mí atención.

¿Dónde está mi atención?

Cuando mi atención va al dolor, veo que surge una resistencia, que surge el deseo de que el dolor desaparezca.

Surge un pensamiento de que no debería de estar ahí.

Hay una contracción.

Incomodidad.

Como si algo se revolviese.

Cambio de postura.

En ese momento me he identificado con el que cree que experimenta dolor, creo que ese dolor es personal, y que tiene que desaparecer para poder ser feliz o estar en paz.

Pero ese ser nunca va a ser feliz o estar en paz.

Nunca.

Siempre habrá algo más.

Nunca vas a ser feliz o estar en paz como tu identidad personal.

Lo único que sucede en ese instante es que he alejado mi atención de ahí donde mi felicidad reside, y me he involucrado con lo cambiante, abandonando, o mejor dicho dejando de ser consciente de esa quietud, de ese espacio de no resistencia.

Cuando soy capaz de observar ese juego sin involucrarme puedo mantenerme en ese estado de felicidad.

Entonces vuelve a aparecer una sonrisa.

Es un simplemente notar.

No es difícil, pero requiere vigilancia.

Es muy fácil dejarse arrastrar por esos tentáculos que como redes de pesca la mente te lanza a ver si picas.

Aunque ser quienes somos es lo más natural nos hemos enseñado a nosotros mismos que somos lo que no somos, y precisamos de algo así como una “práctica” para volver a ese espacio.

Mi lección de hoy es esa “práctica”.

Dice así:

Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.

Esta lección es una invitación a hacer una pausa.

Y volver a ese observador.

A esa felicidad.

A nuestro hogar que es nuestro Ser.

A esa inocencia que creíamos haber perdido.

Mi forma de poner en práctica las lecciones ya la he compartido en alguna ocasión.

Lo primero es unirme a Jesús y pedirle que sea Él el que dirija esa práctica. Pedirle que guie mi mente.

Luego repito la lección tal como se indica, en este caso lentamente digo: Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.

Después respiro, me relajo, permito y dejo que el milagro suceda.

Permito lo que sea que esté presente.

Suelto el volante, dejo de querer ser yo la que lleve el mando.

Solo cuando suelto el volante puede Jesús cogerlo.

Una vez que lo suelto, ya está hecho.

Así que dejo que el milagro suceda al no interferir, al quitarme de en medio.

Entonces brota esa sonrisa de la que ya he hablado en la entrada de la sonrisa interior.

En ese instante ya estoy en casa.

La mente vendrá de nuevo a tentarte, te lo aseguro.

Cuando eso suceda recuerda tu decisión:

Elijo ser feliz hoy.

No luches contra ti mismo, no te resistas a lo que está sucediendo.

No lo juzges.

Simplemente recuerda cuál es tu deseo.

Recuerda tu decisión.

Toma una pausa.

Y vuelve a casa.

A tu Ser que es felicidad.

Feliz día. ❤

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Te dejo con la canción de Michael Bublé que estaba sonando mientras escribía este artículo.

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