Mirar al ego sin juicio

Ayer sentí leer el libro de Byron Katie: “Mil nombres para el gozo” del que ya he hablado en este blog y que es uno de mis favoritos.

Lo abrí al azar y empecé a leer.

Una de las secciones que leí hace mención a una conversación con una persona donde Katie lo va guiando a través de la herramienta de “El Trabajo“.

Empecé a leerlo y hubo un momento en que no podía parar de reír.

Parte de la conversación hacía referencia a un patrón con el que me sentía identificada. Era como verme a mi misma reflejada.

Luego me acordé que esta conversación ya la había compartido en el blog así que decidí buscarla.

Aunque en el libro de “Mil nombres para el gozo” está completa, y es bastante más larga, creo que esta parte es la que más me ayudó a mirar a ese patrón en mi mente y sonreír.

En concreto a partir de la segunda parte cuando Bruce se da cuenta de que en el fondo la que quiere que vuelva no es Sheila, es la versión “mejorada” que el cree que “debería ser”. Ahí no podía parar de reír.

Esa soy yo. 😉

El perdón es mirar al ego sin juicio.

Es observar nuestra inversión en el sistema de pensamiento del miedo, sin juzgarnos por ello.

De la mano de Jesús podemos mirarlo y sonreír.

Me resultó muy liberador verlo así que decidí compartirlo de nuevo por si a alguien más le resulta igualmente liberador. 🙂

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“Ella no debió abandonarme”

BRUCE: Estoy enojado con mi novia, Sheila, porque me abandonó, me excluyó y dejó nuestra relación.

KATIE: “Ella te abandonó”, ¿es verdad?

B.: Sí, es verdad. Quiero decir que físicamente, tangiblemente, sí, ella dejó la relación, y emocionalmente dejó la relación.

K.: “Ella te abandonó”, ¿puedes saber que es verdad con absoluta certeza?

B.: Sí. Eso es lo que sucedió.

K.: ¿Cómo reaccionas cuando crees en ese pensamiento?

B.: Siento miedo, enojo, me pongo a la defensiva.

K.: ¿Y donde sientes ese pensamiento en el cuerpo? ¿Donde te golpea?

B.: En el pecho. El pecho se pone realmente tenso. Me duele el estómago, me siento aturdido, el pulso se me acelera. Empieza en el pecho, pero después parece apoderarse de todo el cuerpo.

K.: ¿A donde viaja tu mente cuando crees en el pensamiento de “Ella me abandonó”?

B.: Bueno, busco todas las escenas cinematográficas apropiadas para apoyarlo.

K.: Exactamente. ¿No es una película asombrosa? El pensamiento aparece, y la mente lo apoya con imágenes; así es cómo nace el mundo ficticio. Sigue observando, cariño.

B.: Bueno, es una filmoteca. Tengo una filmoteca repleta de escenas cinematográficas.

K.: Y luego, ¿no empiezan las películas a mostrarte dónde has fallado? Y tú sientes toda la culpa y vergüenza.

B.: Sí, ese parece ser el patrón.

K.: Y luego la mente la ataca a ella, y luego te ataca a ti.

B.: Correcto. Me llega el resentimiento. Me resiento con ella hasta reventar. A veces pienso que es una zorra insensible y castrante. Y a veces pienso que tenía razón en irse, porque yo soy un total perdedor.

K.: Vamos a continuar con “Ella me abandonó”. ¿Quien serías sin ese pensamiento?

B.: Estaría menos enojado. Quizá ni siquiera estaría enojado. Quizá no estaría tan triste. Liberaría todo ese espacio mental para otra cosa. Y probablemente estaría más presente. No estaría tan atascado tratando de ver qué hice mal, qué hizo ella mal. No la culparía tanto. Eso realmente duele.

K.: Sí, la mente no tendría que probar lo que realmente no cree. Eso no sería necesario.

B.: Sí, puedo ver eso. Sería más feliz. Pero realmente creo que me abandonó. Eso es lo que realmente sucedió. ¿Qué hago con eso?

K.: Te escucho cariño. Tu respuesta a las preguntas una y dos fue sí. Realmente crees que es verdad que ella te abandonó. En la realidad de ella, quizá ella simplemente siguió con su vida. Pero tú estás convencido de que ella te abandonó. Esa es tu historia. Ahora sólo estamos viendo las respuestas a las preguntas tres y cuatro. Estamos viendo cómo reaccionas cuando crees el pensamiento y quien serías sin él.

B.: Correcto. No puedo encontrar nada bueno en cómo reacciono cuando creo ese pensamiento. Es un pensamiento muy doloroso.

K.: Estamos viendo que con el pensamiento estás enojado y resentido, y sin el pensamiento no tienes todo ese estrés. Así que es el pensamiento lo que está causando tu dolor, no tu novia.

B.: ¡Bueno! Eso no se me había ocurrido.

K.: Ella no tiene nada que ver con tu dolor. Todo eres tú. Son totalmente tus pensamientos no cuestionados.

B.: ¡Dios mío! Eso es asombroso.

K.: “Ella me abandonó”: inviértelo.

B.: Hum…¿Yo la abandoné?

K.: Bien, ahora dime tres maneras en que hiciste eso. Dame tres ejemplos genuinos de dónde la abandonaste tú en la relación.

B.: Temía que me fueras a pedir eso. Pues hubo momentos en la relación en que no seguía adelante con asuntos que dije que cumpliría.

K.: Así que esa es una manera. ¿De qué otra forma la abandonaste? Dame dos maneras más.

B.: Hum, no estuve enteramente presente en la relación.

K.: ¿Cómo era eso?

B.: Me retiraba, me paralizaba, me cerraba a ella.

K.: Esas son dos. Dame una manera más.

B.: Bueno, en realidad ella se mudó al otro lado del país. Así que llevamos una relación a larga distancia durante los últimos dos años. Y yo le permití hacerlo. Yo participé en eso, porque de alguna manera me sentía más cómodo, no había tanta presión para que me comprometiera.

K.: Bien, esas son tres. ¿Puedes encontrar otra inversión a “Ella me abandonó”?

B.: Yo me abandoné.

K.: ¿Cómo hiciste eso? ¿Cualés son algunos ejemplos?

B.: No estaba siendo honesto conmigo mismo. No estaba expresando mis necesidades. Y esa es sólo otra forma de abandono, irónicamente. Así que, al no estar totalmente presente para mí mismo, la dejé a ella también.

K.: ¿Puedes encontrar otra inversión?

B.: ¿Ella no me abandonó? Eso no es verdad. ¡Si lo hizo?

K.: Las inversiones son una manera de explorar la verdad. A veces hay inversiones que te saltas, a veces hay inversiones que no funcionan, y a mi me gusta quedarme un rato. El Trabajo es meditación. Si te quedas un rato con esa inversión, quizá encuentres que es más cierta que tu afirmación original. Veamamos tu próxima afirmación (de la Hoja de Juzga a Tu Prójimo de El Trabajo de Byron Katie).

B.: Quiero que Sheile vuelva, me pida perdón y prometa que nunca volverá a dejarme. Quiero que trabaje con su poder de reflexión y vea cómo el reaccionar desde el miedo me lastima a mí y a otros. Quiero que trabaje con su autoestima y su volubilidad. (Se ríe)

K.: Entonces no es Sheila la que quieres que vuelva. La mujer que describes no es ella.

B.: Sí, ella es la que quiero…ese es el problema.

K.: No puede ser Sheila. Tú quieres a alguien que vea que reaccionar desde el miedo lastima. Tú quieres a alguien que ya ha trabajado su autoestima. Esa es la persona que deseas que vuelva. Y ésa no es ella. “Yo quiero que vuelvas para que entres en vereda”.

B.: (riéndose): Correcto.

K.: “¡Vuelve para que puedas ser la mujer de mis sueños, porque ahora no lo eres!”

B.: Correcto.

K.: “Es más, ni siquiera eres la persona con la que quiero vivir hasta que yo te arregle y tú te pongas en vereda. Hasta que hagas todos esos cambios, por los que luego realmente me darás las gracias.”

B.: Sí. ¿Cuál es el problema? (Todo el mundo se ríe)

K.: Así que no es ella la que quieres que vuelva.

B.: Ah, es verdad. No es quien ella es. Dios mío.

K.: Eso estuvo bien, ¿verdad?

B.: Este realmente es un patrón mío. Cuando estoy implicado en una relación o en un modo de trabajo, o cualquier cosa, tiendo a ver las cosas en términos de potencial. En términos de lo que podrían ser, en vez de como son.

K.: Entonces, podrías decirle: “Quiero que vuelvas, porque te veo potencialmente como alguien a quien yo podría aceptar.”

B.: (riéndose con el público): Bueno, eso es realmente atractivo. Sí. Pero yo hice eso. Yo hice eso.

K.: Bueno, claro que hiciste eso. Hacemos eso hasta que dejamos de hacerlo. Ese ha sido tu trabajo. Yo sólo estoy ayudándote a cambiar de profesión. Estamos viendo quiénes somos sin esas historias. Así que, cariño: “Quieres que vuelva”, ¿es verdad?

B.: Hum…

K.: Sólo míralo. Porque podría decir: “Quiero que vuelvas” y luego, cuando lo hiciera, te preguntarías por qué ya no la quieres. “Quieres que vuelva”, ¿es verdad?

B.: ¿Con la lista de cambios o sin ellos?

K.: Ella no ha cambiado. Ella simplemente es Sheila. Ella no es la nueva mujer, mejorada, de tu imaginación. ¿Quieres que vuelva tal y como es?

B.: (después de una pausa): En realidad, no. La quiero de vuelta, pero quiero que cambie.

K.: Gracias por darte cuenta. (El público ríe). Cuando amas a la persona con la que vives, tal como ella es, nunca te sorprendes; siempre lo encuentras delicioso, porque ésa es la persona que has invitado a volver. Tú solo trabajas en ti mismo. Tú pareja no puede ser la causa de tu sufrimiento, y ella nunca tiene que cambiar. Y luego, una vez que has cuestionado tu mente, todas esas cosas que querías cambiar en ella, se tornan las cosas que amas. Pero simplemente conoce a la que invitas a volver, sin engañarte.

Fuente: Byron Katie, “Necesito que me quieran”, ¿es eso verdad?

Para más información sobre esta herramienta de indagación puedes hacer click en este enlace: El Trabajo en español.

Os dejo con una entrevista a Byron Katie en su última visita a España.

Feliz día.

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