Reflexiones sobre la 15ª lección del Curso

Os dejo con la reflexión sobre la 15ª lección del Curso.

Puedes leer esta 15ª lección en este enlace: Libro de Ejercicios UCDM

LECCIÓN 15

MIS PENSAMIENTOS SON IMÁGENES QUE YO MISMO HE FABRICADO.

En esta lección Jesús establece un vínculo entre los pensamientos que “pensamos que pensamos” y las imágenes que observamos: “No reconoces que los pensamientos que piensas que piensas no son nada debido a que aparecen como imágenes“.

Todo lo que percibimos a través de nuestros sentidos, todos los símbolos del mundo, no son más que representaciones de pensamientos.

Para la mente no entrenada no parece ser lo mismo un pensamiento que brota en este instante en mi mente, que un objeto de los que me rodean. No parecen ser lo mismo tampoco las imágenes mentales que fabrico al por ejemplo idear determinados escenarios en mi mente, que las imágenes que aparentemente se encuentran “afuera” y que percibo como separadas de mí. Tampoco parecen ser lo mismo las imágenes que aparecen en sueños de las que aparecen en el estado de vigilia.

Sin embargo esta lección nos ayuda a recordar que todo es un pensamiento en la mente. No hay diferencia entre lo que percibo “dentro”, como mis pensamientos, y lo que percibo “fuera”, como las imágenes o los objetos que observo a mi alrededor.

Mis pensamientos son imágenes, imágenes que yo mismo he fabricado (como mente).

Dice luego la lección: “Piensas que los piensas y por eso piensas que los ves”.

En una de las lecciones anteriores Jesús nos hablaba de que cuando nuestra mente está centrada en pensamientos sin significado, que son cualquier pensamiento que de alguna forma haga mención al cuerpo tuyo o de los demás, a las situaciones de la vida de ese cuerpo, o de otros cuerpos, o del mundo, el planeta, el universo, pensemos que nuestra mente simplemente estaba en blanco.

No estamos pensando en absoluto.

Nuestra mente está en blanco.

¡Con la importancia que le damos a lo que pensamos! ¡A nuestras creencias! ¡A nuetro punto de vista!

Pero, esos no son nuestros pensamientos reales.

Cuando nuestra mente está planificando, creando hipotéticos sobre alguna situación pasada o sobre alguna situación futura, simplemente no estamos pensando en nada.

Con esto Jesús nos quiere decir, no los juzges. Observa de mi mano, sin juicio. Observa que tú si crees que estás pensando, de la misma manera que crees que estás percibiendo objetos a tu alrededor.

Esa creencia es lo importante aquí porque de alguna forma “demuestra” que puedo pensar separado de Dios, y que por lo tanto la separación SI sucedió.

Luego continúa: “Así es como se forjó tu “manera de ver”. Esta es la función que le has atribuido a los ojos de cuerpo”.

Nuestra “manera de ver” es la percepción que siempre implica la separación entre objeto y sujeto, entre lo percibido y el que percibe. Percepción es por lo tanto dualidad, separación, de ahí que aparezca entre comillas.

Hemos sustituido la visión por nuestra “manera de ver“. Nuestra manera de ver se centra en lo que los ojos del cuerpo nos muestran. Esa es la función que le hemos atribuido a los ojos del cuerpo, ser los testigos de aquello que hemos elegido creer.

Elegimos creer en la separación y luego enviamos a los ojos del cuerpo como testigos de esa decisión. Y lo que los ojos nos muestran son una serie de objetos diferentes, de cuerpos diferentes, un tapiz de fragmentos que parecen no tener nada en común.

Los ojos del cuerpo están diseñados para ver las diferencias.

La visión, que ve más allá del cuerpo y por lo tanto de las diferencias, es el medio para la salvación.

La visión es el medio a través del cual el Espíritu Santo transforma tus pesadillas en sueños felices y reemplaza tus dementes alucinaciones  – que te muestran las terribles consecuencias de pecados imaginarios – por plácidos y reconfortantes paisajes. (T-20.VIII.10:4)

La visión es hacia lo que apunta esta lección.

Dice la lección: “Eso no es ver. Eso es fabricar imágenes, lo cual siempre ocupa el lugar de la visión, y la reemplaza con ilusiones“.

La visión es ver, “nuestra manera de ver” que es a través de lo que los ojos del cuerpo nos muestran, es fabricar imágenes.

Los ojos del cuerpo realmente no ven, esto nos puede resultar sorprendente, sin embargo cuando estamos soñando por la noche percibimos imágenes que parecen ser muy reales y vívidas incluso y nuestros ojos están cerrados, luego la percepción no puede proceder de los ojos del cuerpo.

Es la mente la que le dicta a los sentidos que ver.

En su libro, “Morir para ser yo“, Anita Moorjani nos relata su experiencia cercana a la muerte (EMC):

Yo sabía cuando alguien venía a verme, quién era y qué estaba haciendo. Aunque mis ojos físicos estaban cerrados, estaba muy lúcida de cada detalle minúsculo de lo que pasaba a mi alrededor y más allá. La agudeza de mi percepción era aún más intensa que si hubiera estado despierta usando mis sentidos físicos. Parecía que simplemente sabía y entendía todo -no sólo cuanto pasaba a mi alrededor, sino lo que todos estaban sintiendo, como si fuera capaz de ver y sentir a través de esa persona. Era capaz de sentir sus miedos, su desesperanza y su resignación por mi situación.

Si sus ojos estaban cerrados y ella estaba en “muerte clínica” ¿qué era lo que percibía, lo que veía todo lo que sucedía a su alrededor?

No sentía ningún lazo emocional con mi cuerpo casi sin vida que yacía en la cama del hospital. No sentía que fuera mío. Parecía demasiado pequeño e insignificante para haber alojado todo lo que yo estaba experimentando. ¡Me sentía suelta, liberada y magnificente! ¡Todo dolor, sufrimiento, pena y tristeza habían desaparecido! Me sentía completamente desembarazada y no recordaba haberme sentido así jamás.
Era como si hubiera estado prisionera en mi propio cuerpo por los últimos 4 años mientras el cáncer devoraba mi forma física y, por fin, estaba siendo liberada. ¡Estaba saboreando la libertad por primera vez! Empecé a sentirme tan liviana y consciente que podía estar en cualquier sitio a cualquier hora… y no me parecía nada raro. Se sentía como algo normal, como si esta fuera la forma real de percibir las cosas. Ni siquiera me pareció extraño que estuviera consciente de que mi esposo y el doctor hablaran en ese momento en el pasillo, a unos 13 metros de la unidad de cuidados intensivos.

Experiencias como la de Anita Moorjani no son más que símbolos de la mente recta que nos ayudan a cuestionar o poner en duda aquello que siempre hemos creído verdad. Son los testigos de una nueva mirada, de nuestra decisión de ver algo diferente.

Dice el Curso a propósito de los ojos del cuerpo:

Los ojos del cuerpo ven únicamente formas. No pueden ver más allá de aquello para cuya contemplación fueron fabricados. Y fueron fabricados para fijarse en los errores y no ver más allá de ellos. Su percepción es ciertamente extraña, pues sólo pueden ver ilusiones, al no poder ver más allá del bloque de granito del pecado y al detenerse ante la forma externa de lo que no es nada. Para esta forma distorsionada de visión, el exterior de todas las cosas, el muro que se interpone entre la verdad y tú, es absolutamente real. Más, ¿cómo va a poder ver correctamente una visión que se detiene ante lo que no es nada como si de un sólido muro se tratase? Está restringida por la forma, habiendo sido concebida para garantizar que no perciba nada, excepto la forma.
Esos ojos, hechos para no ver, jamás podrán ver. Pues la idea que representan nunca se separó de su hacedor (el ego), y es su hacedor el que ve a través de ellos. ¿Qué otro objetivo tenía su hacedor, salvo el de no ver? Para tal fin, los ojos del cuerpo son los medios perfectos, pero no para ver. Advierte cómo los ojos del cuerpo se posan en lo exterior sin poder ir más allá de ello. Observa cómo se detienen ante lo que no es nada, incapaces de comprender el significado que se encuentra más allá de la forma. Nada es tan cegador como la percepción de la forma. Pues ver la forma signi­fica que el entendimiento ha quedado velado. (T-22.III.5:3-9; 6)

Nada es tan cegador como la percepción de la forma. 😉

Últimamente he tenido varias experiencias donde la imagen que tenía delante de mí empezaba a desaparecer, como si se moviese y fuese perdiendo nitidez. En otras ocasiones es como si los bordes que separan un objeto del siguiente se difuminasen. Y al observar algunas cosas aparecen los bordes de luz de los que habla esta lección.

Cuando mi mente se aquieta y me centro en la imagen que tengo enfrente esta no parece tan real. Esto dura un instante, y luego todo parece ser sólido de nuevo.

Estos “episodios de luz” como esta lección los llama pueden manifestarse de formas muy variadas. Y dependen del proceso de cada persona. No son necesarias. Ni siquiera creo que tengan más importancia que la de servir si acaso como testigos de esa otra realidad, como pequeños atisbos de que la mente está siendo sanada.

En ocasiones trato de recordar esos episodios cuando algo me parece muy real, cuando mi mente se centra en los errores míos o de alguien, o en sucesos que parecen estar sucediendo “realmente”. Cuando veo alguna noticia en la televisión, o al pasear por la calle. Pero, como dice el texto que antes compartía: “nada es tan cegador como la percepción de la forma“, y se me olvida rápidamente, entonces vuelvo a dejar que sea el ego el que determine lo que es real para mí. Y me veo reaccionando ante algo externo o pensando que mi estado de ánimo depende de algo que no sean mis propios pensamientos.

Vuelvo a “mi manera de ver” y me olvido de la visión.

Me olvido de Jesús y de su manera de ver.

Esto me recuerda a la frase del texto que dice:

No creas que sabes nada hasta que pases la prueba de la paz perfecta.

Y vuelvo a la humildad, a dejarme enseñar.

A seguir entrenando la mente.

Hoy, cuando iba a escribir la reflexión de esta lección me encontré en facebook con un  vídeo de Byron Katie que guarda relación con el contenido de la misma. Es muy bueno, os lo dejo al final de la entrada. Sólo lo he encontrado en inglés subtitulado en inglés. No lo he visto en castellano.

En el vídeo Katie habla con una mujer cuyo hijo falleció hace 16 años a causa del sida y cuya hija está pasando por problemas mentales. La forma en la que trabaja con algo que consideramos tan real como la muerte es muy retadora, nos ayuda a ver como en el fondo lo que consideramos real siempre está apoyado por imágenes que utilizamos para sustituir a la verdad que se encuentra más allá de ellas. Cuando nos atrevemos a cuestionar nuestra forma de ver, como por ejemplo a través del método de “The Work” y nos preguntamos: ¿Es verdad? ¿Puede estar completamente segura de que es verdad? con respecto a nuestros pensamientos, cuando nos damos tiempo como dice en el vídeo Katie para que la respuesta llegue, puede que nos sorprenda.

Te dejo que lo veas porque creo que ayuda a la comprensión de esta lección.

¿Cuales son las imágenes que vienen a tu mente cuando piensas en alguno de los conflictos que mantienes? ¿Son esas imágenes reales o son fabricaciones mentales que dan testimonio de lo que el ego quiere hacer real?

Te invito a que te unas a esta madre en su honestidad a la hora de cuestionar algo que parece tan real como la muerte de un hijo. ¡Pura valentía!

La forma de aplicar la lección de hoy sigue la misma estructura que las lecciones que ya hemos visto. Repetimos la idea lentamente primero y luego la aplicamos a cualquier cosa que veamos a nuestro alrededor usando el nombre del objeto elegido, descansando la mirada sobre el mismo, al tiempo que repetimos:

Esta (e) ________________ es una imagen que yo mismo he fabricado.

Esta mesa es una imagen que yo mismo he fabricado.

Esta mano es una imagen que yo mismo he fabricado.

Este lápiz es una imagen que yo mismo he fabricado.

Esta nube es una imagen que yo mismo he fabricado.

Se vuelve a hacer hincapié en repetir la idea lentamente, sin prisa, sin esfuerzo. Y a parar en caso de que notes resistencia o te empieces a sentir incómodo.

No se trata de forzarse, no es ninguna competición, así que Jesús nos recuerda que no hagamos más de cuatro sesiones y que apliquemos la lección en el transcurso del día según lo dicte la necesidad.

Es un camino amable. 🙂

El camino de reconocer, como nos recuerda esta lección que:

Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado.

Que la quietud del Cielo envuelva hoy tu corazón.

Feliz día. ❤

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