La sensación de separación en el cuerpo

Vía Láctea

Antes de nada GRACIAS a todos los que confiastéis en mi y os animastéis a llevar a cabo una sesión este lunes 16 de noviembre. GRACIAS

La sensación de separación comienza con un pensamiento que identifica nuestro yo exclusivamente con un cuerpo. Desde el momento en que surge este pensamiento -y siempre surge ahora-, nuestra verdadera naturaleza de presencia transparente parece convertirse en un yo denso, sólido y material, es decir, parece convertirse en un cuerpo.

No sólo pensamos que somos un yo limitado y localizado; también lo sentimos.

Todos los pensamientos que giran alrededor de un imaginario yo interior tienen un eco o huella en el cuerpo que dura hasta mucho después de que el pensamiento de separación se haya disuelto. De esta manera, el cuerpo se convierte en un refugio seguro para la sensación de separación.

Podemos hablar sin parar sobre la ilimitada naturaleza de la conciencia, pero, mientras tanto, el yo interior separado está cómodamente instalado en el cuerpo todo el rato.

De hecho, hablar sin cesar sobre la naturaleza de la conciencia, sobre cómo todo aparece en la conciencia, sobre cómo no existe ninguna entidad separada, sobre cómo no hay nada que hacer ni nadie que lo haga, etcétera, puede convertirse en una cortina de humo para los muy profundos sentimientos de separación, que se sienten demasiado incómodos cuando son completa y honestamente encarados.

En muchos casos el yo interior se ha apropiado de la comprensión de que “todo es conciencia, no hay nadie aquí, no hay nada que hacer” y la ha aplicado como un fino barniz sobre los sentimientos mucho más profundos de separación e infelicidad. De ahí la nueva religión de la no dualidad.

Con el fin de explicar los sentimientos de irritación, tristeza, carencia, agitación, soledad, etcétera, que todavía persisten y reconciliarlos con su nueva condición iluminada, el yo imaginario, a través de un complejo acto de razonamiento, se convence a sí mismo de que todos estos sentimientos simplemente surgen en la conciencia y están hechos de ella.

El resultado es que la felicidad y la infelicidad son consideradas también emociones que se manifiestan en la conciencia, sin que haya nada ni nadie que escoja una o la otra. De esta manera, el yo interior separado permanece intacto, escondido en el cuerpo, dictando subliminalmente nuestros pensamientos, sentimientos, actividades y relaciones.

Tarde o temprano el barniz comienza a agrietarse y a exponer al yo separado que se encuentra debajo de él. En este punto podemos sentirnos impulsados a explorar la sensación de separación al nivel más profundo del cuerpo. Esto implica una exploración de todas las sensaciones por las que reconocemos un yo interior separado.

Para empezar, estas sensaciones parecen hallarse en las principales zonas de la cabeza y el pecho en las que parece residir el “yo pensador” y el “yo que siente o ama”. Sin embargo, a medida que nos volvemos más sensibles a la sensación del “yo” del cuerpo, capas más profundas de sentimientos y sensaciones se revelan. Con el tiempo, todas estas capas son expuestas a la luz de la conciencia.

El yo separado prospera cuando pasa inadvertido, y estas capas profundas y oscuras de sensaciones alojadas en el cuerpo constituyen un escondite ideal para él.

El yo interior separado no es, de hecho, más que una sensación corporal con una historia personal asociada. Si se le separa de la historia, esta sensación no es más “yo” o “no yo” que el ruido del tráfico o la visión del cielo. Pero mientras esto no se ve claramente, la “yoidad” del cuerpo continúa.

La visión clara es lo único que el sentimiento del yo separado no puede soportar.

A medida que estos sentimientos son expuestos a la luz de nuestro ser, pierden su yoicidad y son vistos como lo que son: meras sensaciones.

Con el tiempo estas sensaciones son experimentadas como suspendidas, por así decirlo, en nuestra presencia consciente; son como nubes que flotan en el cielo. Comienzan a perder su definición, su densidad y su carácter de objetos y pasan a estar tan permeadas por la luz de nuestro ser que son indistinguibles de este. El cuerpo se ve cada vez más imbuido por la transparencia, la luz y el amor de nuestro ser. ❤

La sensación del cuerpo

Exploremos ahora la sensación del cuerpo, puesto que esta es la forma en que se siente más real y más “él mismo”.

Cerremos los ojos para asegurarnos de que nos estamos refiriendo tan solo a la sensación pura del cuerpo y no al pensamiento, imagen o recuerdo de él. Sin las referencias del pensamiento o el recuerdo, ¿cual es la naturaleza de esta sensación?

Si mantemos los ojos cerrados, el único conocimiento que tenemos del cuerpo es una sensación física. De hecho, sin la referencia al pensamiento o al recuerdo ni tan siquiera tenemos ningún conocimiento del cuerpo como tal. Tan sólo conocemos la sensación actual. Es únicamente el pensamiento el que etiqueta esta sensación como “cuerpo”.

Sin este pensamiento, esto no es más que una sensación. Aunque, incluso decir esto es demasiado. Sin el pensamiento no podemos tan siquiera conocer la experiencia del momento como una sensación – tan solo se trata de una experiencia pura, íntima y sin nombre.

Deja este libro, cierra los ojos y experimenta la sensación a que nos referimos como “mi cuerpo” como si fuera la primera experiencia que nunca hubieses tenido.

Si hiciésemos un dibujo de esta sensación, ¿qué aspecto tendría? ¿Mostraría unos contornos bien definidos? ¿Sería sólida y densa?

¿Tiene esta sensación treinta, cuarenta, setenta años de edad, o sencillamente está apareciendo ahora? ¿Es esta sensación hombre o mujer? ¿Tiene nacionalidad? ¿Cuánto pesa? De hecho, ¿tenemos alguna experiencia de lo que es el peso? ¿Acaso no es, el peso, tan solo una sensación? Esta sensación no pesa nada.

Y ¿tiene esta sensación una etiqueta adjunta a ella? Aparte del “yo” – como entidad separada- que el pensamiento añade a la sensación, ¿donde está el yo real? ¿Qué es lo que define esta sensación como mía? Tan solo un pensamiento. Pero ¿de donde obtiene su autoridad este pensamiento? ¡Evidentemente, no de la experiencia! La experiencia cuenta una historia muy distinta.

Volvamos al dibujo de la sensación pura llamada “el cuerpo”. No te remitas a ninguna imagen, recuerdo o idea sino tan solo a la sensación directa que experimentas en este momento. Nuestro dibujo podría parecerse un poco a la Vía Láctea, un conjunto de puntos amorfos flotando en un espacio vacío. De hecho, esta sensación es sobre todo espacio vacío.

Permite que el espacio vacío de tu propia presencia se infiltre en la sensación, que penetre profundamente en su tejido. Tómate tiempo para permitirle que empape incluso esas zonas que pueden ofrecer alguna resistencia, que parecen aferrarse a su propia objetualidad, densidad o yoidad. Siente que este espacio vacío de tu propio ser no está tan solo presente o consciente; también es amor, intimidad pura. Ama todo lo que toca; esta es la única manera como puede conocer algo: amándolo. De hecho, el espacio vacío y amoroso de nuestro ser convierte en sí mismo todo lo que toca.

Permite que capa tras capa de resistencia y retención sea empapada por este amor.

El cuerpo es un almacén donde están guardados todos nuestros rechazos, fracasos, miedos, resentimientos y heridas, mucho después de que el pensamiento los haya olvidado. Se depositan en él, capa sobre capa. De hecho, estos viejos sentimientos han colonizado el cuerpo hasta tal punto que el cuerpo es, para la mayoría de nosotros, una densa red de tensiones y contracciones.

Son estas capas de tensión y contracción las que eclipsan la natural transparencia y apertura del cuerpo y dan la impresión de que un yo interior, separado, habita ahí.

Al igual que montones que papeles viejos olvidados en el sótano, estas capas se han descolorido y se han vuelto irreconocibles. Hace tiempo que se han perdido las asociaciones que una vez les confirieron significado y ahora son experimentadas como una masa adormecida de sensaciones incomprensibles.

Estas pueden permanecer en estado latente durante la mayor parte del tiempo, pero también pueden verse activadas por motivos irracionales en momentos inesperados y revelar, una y otra vez, los restos de un yo interior separado.

Fuente: Presencia, Rupert Spira ❤

Y para terminar dos vídeos del autor del libro que compartimos hoy y que os recomiendo leer, Rupert Spira. Podéis ver más vídeos de este autor en su canal de youtube en español: aquí.


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2 comentarios en “La sensación de separación en el cuerpo

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