El cuerpo-dolor

emocione3

Esta semana he releído el libro de Eckhart Tolle: “Un nuevo mundo, AHORA” por lo que durante las próximas entradas iré compartiendo artículos de este libro sobre el cuerpo-dolor cuya liberación trabajamos a través de La Herramienta de los Milagros. Los resentimientos (patrones de comportamiento y emociones) con los que trabajamos en las sesiones, es lo que conforman el cuerpo-dolor del que habla este artículo. Espero que os resulte interesante. 🙂

La mayor parte de lo que piensa casi todo el mundo es involuntario, automático y repetitivo. No es más que una especie de ruido estático mental que no cumple ningún propósito real. En términos estrictos, tú no piensas: pensar es una cosa que ocurre. La afirmación “yo pienso” implica volición. Implica que tienes voz en el asunto, que ha habido una decisión por tu parte. En la mayoría de la gente, este no es aún el caso. “Yo pienso” es una afirmación tan falsa como “yo digiero” o “yo hago circular mi sangre”. La digestión ocurre, la circulación ocurre, pensar ocurre.

La voz de dentro de la cabeza tiene vida propia. La mayoría de la gente está a merced de esa voz, está poseída por el pensamiento, por la mente. Y como la mente está condicionada por el pasado, te ves obligado a volver a representar el pasado una y otra vez. La palabra oriental que designa esto es karma. Por supuesto, cuando estás identificado con esa voz, no lo sabes. Si lo supieras, ya no estarías poseído, porque solo puedes estar verdaderamente poseído cuando confundes la entidad que te posee con lo que tú eres, es decir, cuando te conviertes en ella.

El grado de identificación con la mente varía según las personas. Alguna disfrutan de periodos de libertad, por breves que sean, y la paz, alegría y vitalidad que experimentan en esos momentos hacen que valga la pena vivir la vida. Estos son también los momentos en los que surgen la creatividad, el amor y la compasión. Otras personas están constantemente atrapadas en el estado egótico. Están aisladas de sí mismas, de los demás y del mundo que las rodea. Cuando las miras, puedes ver la tensión en su cara, tal vez el ceño fruncido, o la expresión ausente o fija en sus ojos. La mayor parte de su atención está absorbida por el pensamiento, de modo que en realidad no te ven y en realidad no te escuchan. No están presentes en ninguna situación; su atención está en el pasado o en el futuro, que, por supuesto, solo existen en la mente como formas de pensamiento.

Estar apartado de ti mismo significa que no te sientes a gusto en ninguna situación, en ningún lugar, con ninguna persona, ni siquiera contigo mismo. Siempre estás intentando “ir a casa” pero nunca te sientes en casa.

Además del flujo de pensamientos, aunque no totalmente separada de él, el ego tiene otra dimensión: las emociones. No quiero decir que todos los pensamientos y todas las emociones pertenezcan al ego. Solo se convierten en ego cuando te identificas con ellos y se apoderan por completo de ti; es decir, cuando se convierten en “yo”.

El ego no es solo la mente no observada, la voz que hay dentro de la cabeza y pretende ser tú, sino también las emociones no observadas que son la reacción del cuerpo a lo que dice esa voz de la cabeza. La voz de la cabeza cuenta una historia que el cuerpo cree y a la que reacciona. Estas reacciones son las emociones. Las emociones, a su vez, devuelven energía a los pensamientos que crearon la emoción en un primer momento. Este es un círculo vicioso entre los pensamientos y las emociones no examinados, que da lugar al pensamiento emocional y a la fabulación emocional.

Las emociones generadas por el ego proceden de la identificación de la mente con factores externos que, por supuesto, son todos inestables y pueden cambiar en cualquier momento. Las emociones más profundas no son en realidad emociones, sino estados del Ser. Las emociones existen en el reino de los contrarios. Los estado del Ser pueden estar eclipsados, pero no tienen contrarios. Emanan desde el interior, como el amor, la alegría y la paz que son aspectos de tu auténtica naturaleza. ❤

El pasado vive en ti en forma de recuerdos, pero los recuerdos en sí mismos no son un problema. Solo cuando los recuerdos-es decir, pensamientos acerca del pasado-se apoderan por completo de ti, se convierten en una carga, se vuelven problemáticos y pasan a formar parte de tu sentido del yo. Tu personalidad, que está condicionada por tu pasado, se convierte entonces en tu prisión. Tus recuerdos quedan investidos con un sentido del yo, y tu historia pasa a ser lo que tú percibes que eres. Ese “pequeño yo” es una ilusión que oculta tu verdadera identidad, de Presencia intemporal y sin forma.

Pero tu historia no solo consiste en recuerdos mentales; también hay recuerdos emocionales, viejas emociones que se reviven continuamente. La mayoría de la gente acarrea una gran cantidad de equipaje innecesario, tanto mental como emocional, durante toda su vida. Se limitan a sí mismos a base de rencores, pesadumbres, hostilidad, culpa. Su pensamiento emocional se ha convertido en su yo, y se aferran a las viejas emociones porque refuerzan su identidad.

Una emoción negativa que no se afronta plenamente para verla como lo que es en el momento en que surge, no se disuelve por completo. Deja atrás un residuo de dolor. Los residuos de dolor que deja toda emoción negativa fuerte que no se afronte plenamente, para luego aceptarla y expulsarla, se van juntando y forman un campo de energía que vive en las células del cuerpo. No solo están ahí los dolores de la infancia, sino también otras emociones dolorosas que se añadieron en la adolescencia y durante la vida adulta, muchas de ellas creadas por la voz del ego. Ese es el dolor emocional que te acompaña ineludiblemente cuando la base de tu vida es un falso sentido del yo.

Este campo de energía de emociones viejas pero aún muy vivas, presente en casi todo ser humano, es el cuerpo-dolor. Pero el cuerpo-dolor no solo es individual. También incluye parte del dolor padecido por incontables seres humanos a lo largo de la historia de la humanidad, que es una historia de continuas guerras tribales, esclavitud, saqueos, violaciones, tortura y otras formas de violencia. Todo recién nacido que llega a este mundo carga ya con un cuerpo-dolor emocional. En algunos es más pesado, más denso que en otros. Algunos niños pequeños son bastante felices la mayor parte del tiempo. Otros parecen llevar en su interior una enorme cantidad de infelicidad.

Un niño que solo tenga un cuerpo-dolor muy ligero no necesariamente será un adulto “más avanzado” espiritualmente que el que tenga un cuerpo-dolor denso. De hecho, suele ocurrir al contrario. Las personas con cuerpos-dolor pesados suelen tener más posibilidades de despertar espiritualmente que las que lo tienen relativamente ligero. Aunque algunas quedan atrapadas en sus pesados cuerpos-dolor, muchas otras llegan a un punto en el que ya no pueden seguir aguantando su infelicidad, y de este modo se fortalece su motivación para despertar.

El cuerpo-dolor es una forma de energía semiautomática que vive en el interior de casi todos los seres humanos, una entidad formada por emociones. Tiene su propia inteligencia primitiva, no muy diferente de un animal astuto, y esta inteligencia está aplicada principalmente a la supervivencia. Como todas las formas de vida, necesita alimentarse periódicamente – absorber nueva energía – y el alimento que necesita para nutrirse consiste en energía compatible con la suya, es decir, energía que vibre en una frecuencia similar. Toda experiencia emocionalmente dolorosa puede ser utilizada como alimento por el cuerpo-dolor. Por eso prospera con los pensamientos negativos y los dramas en las relaciones. El cuerpo-dolor es una adicción a la infelicidad.

Puede resultar traumático darse cuenta por primera vez de que hay algo dentro de ti que busca periódicamente la negatividad emocional, que busca la infelicidad. Necesitas más conciencia para verlo en ti mismo que para reconocerlo en otra persona. Cuando la infelicidad se ha apoderado de ti, no solo no quieres que termine, sino que quieres hacer a los demás tan desdichados como tú, con el fin de alimentarte de sus reacciones emocionales negativas.

En la mayoría de la gente, el cuerpo-dolor tiene una fase latente y otra activa. Cuando está latente, olvidas con facilidad que llevas en tu interior una densa nube negra o un volcán inactivo, dependiendo del campo de energía de tu cuerpo-dolor particular. La duración de los periodos de latencia varía de una persona a otra. Lo más corriente es unas pocas semanas, pero puede ser unos días o varios meses. En casos raros, el cuerpo-dolor puede seguir en hibernación durante años, hasta que un suceso lo despierta.

El cuerpo-dolor despierta de su latencia cuando tiene hambre, cuando tiene necesidad de alimentarse. Pero también puede activarse en cualquier momento por algo que suceda. El cuerpo-dolor que necesita alimentarse puede utilizar como disparador los hechos más insignificantes: cualquier cosa que alguien haga o diga, e incluso un pensamiento. Si vives solo o no tienes a nadie cerca en ese momento, el cuerpo-dolor se alimentará de tus pensamientos.

En el caso del cuerpo-dolor, la pauta habitual de pensamiento que crea emoción se invierte, al menos al principio. La emoción del cuerpo-dolor toma rápidamente el control de tu pensamiento, y cuando tu mente ha sido dominada por el cuerpo-dolor, tus pensamientos se vuelven negativos. La voz de tu cabeza te contará cuentos tristes, angustiosos o indignantes sobre ti o sobre tu vida, sobre otras personas, sobre el pasado, el futuro o acontecimientos imaginarios. La voz culpará, acusará, se quejará, inventará. Y tú estás completamente identificado con todo lo que dice la voz, te crees todos sus pensamientos retorcidos. En este punto, la adicción a la infelicidad se ha consolidado.

Si hay otras personas cerca – a poder ser, tu pareja o un familiar cercano- el cuerpo-dolor intentará provocarlas – tocarles las narices, como se suele decir- para poder alimentarse del consiguiente drama. Al cuerpo-dolor le encantan las relaciones intimas y las familiares porque ahí es donde obtiene la mayor parte de su alimento. Es difícil resistirse al cuerpo-dolor de otra persona cuando está empeñado en provocar en ti una reacción. Conoce de manera instintiva tus puntos más débiles y vulnerables. Si no lo consigue a la primera, lo intentará una y otra vez. Es pura emoción en busca de emoción. El cuerpo-dolor de la otra persona quiere despertar al tuyo para que los dos cuerpos-dolor se transmitan energía mutuamente.

Algunas personas cargan con cuerpos-dolor que nunca están del todo latentes. Pueden estar sonriendo y conversando educádamente, pero no hace falta ser clarividente para sentir esa hirviente bola de emoción negativa que tienen justo bajo la superficie, esperando el próximo suceso al que reaccionar, la próxima persona a la que culpar o con la que enfrentarse, la siguiente cosa que las haga infelices. Sus cuerpos-dolor nunca tienen bastante, siempre están hambrientos. Magnifican la necesidad de enemigos del ego.

Para liberarte del cuerpo-dolor, o primero de todo es darte cuenta de que tienes un cuerpo dolor. Después, lo más importante es la capacidad de estar lo bastante presente, lo bastante alerta, para notar el cuerpo-dolor en uno mismo cuando se activa, siempre como un fuerte flujo de emoción negativa. Cuando lo reconocer, ya no puede fingir ser tú ni vivir y renovarse a través de ti.

Tu Presencia consciente es lo que pone fin a la identificación con el cuerpo-dolor. Cuando dejas de identificarte con él, el cuerpo-dolor ya no puede controlar tu pensamiento, y por lo tanto tampoco puede renovarse alimentándose de él. En la mayoría de los casos, el cuerpo-dolor no se disuelve inmediatamente, pero en cuanto has cortado el lazo entre él y tu pensamiento, el cuerpo-dolor empieza a perder energía. Los pensamientos dejan de estar nublados por la emoción. Tus percepciones presentes ya no están distorsionadas por el pasado. Entonces, la energía que queda atrapada en el cuerpo-dolor cambia de frecuencia vibratoria y se transmuta en Presencia. De este modo, el cuerpo-dolor se convierte en combustible para la conciencia. Por eso, muchos de los hombres y mujeres más sabios e iluminados de este planeta tuvieron en otro tiempo un cuerpo-dolor muy fuerte.

Fuente:Un nuevo mundo, AHORA” de Eckhart Tolle

En este enlace podéis leer otro artículo de este libro que compartimos hace un año: La liberación del cuerpo-dolor.

Hoy para terminar un vídeo que me encantó y emocionó cuando lo vi. Una niña pequeña siente la lluvia por primera vez y su reacción es GUAU!!!! Si fuésemos capaces de ver, hasta la cosa más ordinaria, desde la mirada de un niño, de la inocencia, todo nos parecería GUAU!!!!

Os deseo que nunca perdáis la capacidad de emocionaros. 😉

¿Qué os ha parecido el vídeo? ¿os ha gustado?

¡Feliz semana! 🙂 ❤

firma3

laurels+flowers_0008_Vector Smart Object

***Recordaros que hacemos sesiones de liberación emocional, de liberación del cuerpo-dolor. Puedes ver las diferentes modalidades en el apartado de “SESIONES” de esta página. También podrás beneficiarte de las “Promociones” que están ahora mismo disponibles tanto para adultos como para niños y adolescentes.

***Recordaros que en el apartado “AMOR” de esta página compartimos diferentes herramientas (libros, enfoques, prácticas, meditaciones, vídeos,…) para ayudarnos a recordar el sistema de pensamiento del amor 

***Recordaros también que en el apartado “MILAGROS” la idea es acompañar en ese proceso del miedo al amor a través de cursos on-line y alguna otra plataforma que nos ayude a introducirnos en la metafíca (conceptos) y sobretodo la práctica de Un Curso de Milagros, y a facilitarnos el camino.

Anuncios

6 comentarios en “El cuerpo-dolor

    • Iciar Piera dijo:

      Hola Matias, es tan sencillo como prestar atención a lo que pienso y a lo que siento sin identificarme con ello. 🙂
      Algo así como cuando observo las nubes en el cielo. Las nubes no ocultan el cielo, que siempre está presente. Pero podemos estar identificados con las nubes (el cuerpo-dolor) o con el Cielo (la presencia consciente que simplemente atestigua, no hace nada). Cuando observo que se ha despertado el cuerpo-dolor simplemente lo hago notar: “Aquí está el cuerpo-dolor”, y luego reconozco que eso no soy yo: “Lo que sufre no forma parte de mí”. Yo siempre soy la Presencia tranquila que observa sin interferir, un espacio de paz que siempre está en el fondo de toda experiencia, no importa lo intensa que esta sea. Si te ha gustado esta entrada te recomiendo leer el libro de Eckhart Tolle, Un Nuevo Mundo Ahora. Gracias por tu comentario. Un saludo. Iciar ❤

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s