Os dejo con la reflexión sobre la 24ª lección del Curso.
LECCIÓN 24
NO PERCIBO LO QUE MÁS ME CONVIENE.
Esta lección comienza con una confesión radical:
No te das cuenta en NINGUNA de las situaciones que se presentan ante ti del desenlace que te haría feliz.
Y no lo dice como reproche, sino como alivio.
Porque si no sabes, ya no tienes que cargar con la tarea imposible de dirigir tu vida.
Hasta ahora has vivido creyendo que sabías.
Sabías qué relación te convenía. Que trabajo te haría feliz. Que decisión era la correcta. Que desenlace te traería paz.
Y desde esa creencia has elegido, has luchado, has esperado, has temido.
Pero lo que elegías no era la paz,
era una imagen de la paz.
Una forma. Un resultado. Una situación. Un desenlace. Un futuro.
Esta lección introduce el tema de la humildad.
Porque todos estamos muy seguros de que sabemos no solo lo que más nos conviene a nosotros, sino a todos los demás.
Esa es la arrogancia del ego: “yo sé”.
Nos hemos establecido como guías, y como Jesús nos señala en el texto: “tenemos que renunciar a ser nuestro propio maestro…pues nos hemos enseñado mal”.
Está lección nos guía a abandonar esa posición del “yo sé” para: “que tu mente se vuelva receptiva de manera que el aprendizaje pueda dar comienzo”.
Te enseña a vaciarte, porque no se te puede enseñar la verdad mientras creas que ya la conoces.
La práctica como instante santo.
Cierra un momento los ojos.
No para buscar respuestas,
sino para dejar de sostenerlas.
Ahora, tal como propone la lección,
deja que aparezcan suavemente en tu mente algunas situaciones de tu vida que aún no estén resueltas.
No las busques.
Permite que vengan.
Puede tratarse de una relación. Una decisión que tienes que tomar. Algún conflicto que sostengas. Un anhelo. Un miedo o preocupación. Algo que ocupa tu mente, y surge una y otra vez.
Elige una.
Y mírala sin analizarla, como si la tuvieras en las manos.
Pregúntate, con total honestidad:
¿qué quiero que pase aquí? ¿Cuál es el resultado que creo que me traería felicidad?
Y deja que la mente hable sin censura.
Que aparezca todo:
quiero que me entiendan,
quiero no sufrir,
quiero tener razón,
quiero sentirme seguro,
quiero que me quieran,
quiero que el otro cambie,
quiero ganar,
no quiero estar solo.
No ordenes, no juzgues ni espiritualices nada.
Solo mira la lista.
Y observa, sin juicio, cómo muchos deseos no tienen nada que ver con la situación en sí, sino con tu identidad, con tu historia, con tu miedo.
Observa también cómo se contradicen:
quieres paz, pero también control. Amor, pero también defensa. Soltar, pero sin renunciar a nada.
Y en ese ver honesto, di para tus adentros, muy suavemente:
No percibo lo que más me conviene en esta situación.
Como un gesto interior.
Como quien deja caer una carga al suelo.
Si te ayuda puedes imaginarte que esa situación es un globo y lo dejas ir. O imagina que tienes la situación en tu mano cerrada y la abres sin esfuerzo.
Y ya está. No sigas pensando en esa situación.
Pasa a la siguiente situación.
Y repite.
Lo que realmente está ocurriendo, lo que estás practicando aquí es desidentificación.
No estás aprendiendo a elegir mejor.
Estás aprendiendo a dejar de creerte el autor de tu percepción.
Cada vez que dices “no percibo lo que más me conviene”, estás retirando una inversión:
la creencia de que tú sabes,
de que tú diriges,
de que tú tienes el control.
Y en ese gesto de vaciarse ocurre algo silencioso:
la mente se queda un segundo sin agenda.
Ese segundo es el instante santo.
No hay respuestas nuevas.
No hay soluciones ni revelaciones.
Solo hay una mente que, por primera vez, no está interfiriendo.
Ese es el verdadero perdón:
no cambiar la situación,
sino dejar de usarla para sostener al ego.
Jesús nos diría:
en ese espacio vacío, Yo puedo entrar para recordarte que lo que más te conviene nunca ha sido un desenlace, sino la paz que surge cuando dejas de querer decidir por tu cuenta, y me eliges como maestro.
El fruto invisible de esta lección
Puede que nada cambie fuera y todo siga igual en la forma.
Pero algo se ha aflojado.
Una rigidez.
Una exigencia.
Una tensión.
Y eso es todo el milagro que esta lección busca.
No que sepas más,
sino que interfieras menos.
No que decidas mejor,
sino que descanses en el “no saber”.
Porque cuando estás dispuesto a no saber,
cuando de verdad reconoces que no sabes,
cuando lo aceptas por un instante…
la mente se vuelve transparente.
Y en esa transparencia,
lo que más te conviene se reconoce solo.
Esta lección no te enseña qué elegir.
Te enseña a hacerte a un lado, y permitir que Jesús te muestre que es lo que más te conviene en cada situación.
Te enseña humildad.
Confianza en que hay Alguien que realmente te conoce, y sabe lo que más te conviene.
Lo que te haría verdaderamente feliz.
Que la quietud del Cielo envuelva hoy tu corazón.
Feliz día.


