Reflexiones a la lección 33 de UCDM

Os dejo con la reflexión sobre la lección 33 del Curso.

LECCIÓN 33

Hay otra manera de ver el mundo.

Esta lección es una invitación a reconocer que no estamos atrapados en nuestra manera de ver/interpretar el mundo.

Que hay otra manera de percibir. A través de una nueva mirada. De un nuevo maestro.

No te pide que cambies tu percepción, solo te recuerda que puedes hacerlo.

Como diría Kenneth Wapnick:

El milagro comienza con tu disposición a estar equivocado acerca de tu interpretación.

En esta lección Jesús va directo al grano. A la práctica. Porqué la práctica es la que lleva a la experiencia. Y este es un curso de entrenamiento mental.

Estamos entrenando nuestra mente a ver el mundo de otra manera.

A pensar de otra manera.

Es una lección muy sencilla, pero al mismo tiempo apunta a algo muy importante: la posibilidad real de libertad interior.

Puedes cambiar tu percepción

Jesús empieza con una afirmación radical:

Puedes cambiar tu percepción del mundo tanto en su aspecto externo como interno.

No dice que tengas, o que debas. Solo dice que “puedes”. Qué es posible.

Primero nos señala, como hemos visto en lecciones anteriores, que nuestra forma de ver/percibir es algo aprendido, y luego nos dice que podemos cambiar esa percepción, y por lo tanto nuestra experiencia.

El milagro solo puede ocurrir cuando estamos dispuestos a cuestionar nuestro punto de vista, nuestra interpretación.

Entonces podremos hacer espacio a un nuevo visión.

Externo e interno: dos caras de la misa ilusión

La lección insiste en algo muy preciso:

alternar entre percepciones externas e internas.

Externo: lo que pasa “fuera” (personas, situaciones, palabras).

Interno: lo que ocurre “dentro” (emociones, juicios, reacciones).

Para una mente sin entrenar parecen diferentes, pero para una mente entrenada son lo mismo:

proyecciones de la mente.

El mundo no te causa nada.

Tus emociones no son reacciones naturales.

Todo es interpretación.

Y aquí viene la bomba suave de Jesús:

Si es interpretación, puede ser reinterpretado.

No tienes que cambiar lo que ves.

Solo reconocer que lo estás interpretando.

Cinco minutos sin prisas

Jesús es muy delicado aquí:

“aunque es esencial que las aplicaciones no sean apresuradas”.

Esto no va de repetir la frase como un mantra mental.

Va de detener la maquinaria automática del ego.

Wapnick lo traduciría así:

No intentes hacerlo bien.

No intentes sentir paz.

Solo observa cómo ves, y deja abierta la posibilidad de otra visión.

Eso es todo.

No se te pide fe.

No se te pide comprensión.

Solo disponibilidad.

La verdadera práctica invisible

Aquí Jesús es brutalmente honesto: el entrenamiento no es para cuando estás en paz, es para cuando no lo estás.

De inmediato, de surgir cualquier situación que te tiente a sentirte perturbado.

Esa es la alarma. La señal roja que te dice que es el momento de entrenar tu mente.

Y el entrenamiento es la lección de ese día.

En este caso lo que estamos entrenando hoy es a recordar que lo que vemos es un interpretación, no un hecho, y que:

Hay otra manera de ver esto.

No tengo que esforzarme en ver algo diferente, solo reconocer que, aunque no sepa cómo, hay otra manera de ver esto.

Esto es soltar la mano del ego, y en el momento en que sueltas la mano del ego, Jesús puede entrar.

No es una técnica.

Es una rendición.

Es decir:

Puede que mi interpretación no sea la verdad. Puede que haya otra forma de interpretar esta situación. Puedo darle una oportunidad a Jesús y confiar.

Un minuto de silencio: el gesto más radical

Jesús no te pide grandes meditaciones. Te pide algo mucho más profundo:

Parar.

Un minuto.

Cerrar los ojos.

No pensar.

No analizar.

No resolver.

Solo practicar con la idea de hoy.

Hay otra manera de ver el mundo.

Hay otra manera de ver esto.

Ese minuto de silencio es el entrenamiento en: no usar la mente, no reforzar la identidad, no alimentar la historia.

No practicamos para entender la lección.

Sino para hacer espacio a que exista.

Cuando te sientas en silencio y repites la idea, no estás intentando calmarte, ni sanar la emoción, ni comprender nada.

Estás practicando algo mucho más profundo:

No usar esa molestia para reforzar mi identidad.

NO usarla para ser:

  • La que tiene razón.
  • La que sufre.
  • La que fue herida.
  • La víctima del mundo.

Simplemente…no usarla.

Y al no usarla, la mente se queda sin combustible.

Lo que realmente estás aprendiendo.

Esta instrucción entrena una habilidad esencial: interrumpir la identificación.

Antes: molestia- historia- emoción- yo.

Ahora: molestia- pausa- “hay otra manera”-espacio.

Es no seguir la corriente del pensamiento.

Y en ese no seguir, aparece una presencia suave que no juzga, una voz amorosa que no explica, un silencio que no precisa de historias.

Lo que el curso llama Espíritu Santo.

La mente recta.

No llega con fuegos artificiales.
Llega como una sensación íntima de:

Estoy a salvo aunque no entienda nada.
No necesito defenderme ahora.
Puedo soltar esto sin saber cómo.

Y ese gesto tan pequeño —
sentarte un minuto, cerrar los ojos, repetir la frase—
es en realidad uno de los actos más radicales de libertad que existen.

Porque ahí estás diciendo, sin palabras:

Prefiero la paz a tener razón.
Prefiero descansar a interpretar.
Prefiero confiar a controlar.

Y eso… es exactamente el camino de regreso. ✨

Que la quietud del Cielo envuelva hoy tu corazón.

Feliz día. 

firma3

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