¿Es posible celebrar la tristeza?

lagrimas

Autor: Anne Marie Zylberman

La tristeza no es el opuesto de la alegría, sino el portal hacia ella.

Hoy por fin he visto la película “Inside Out” (Del Revés). Me ha parecido muy ilustrativa de lo que suele pasarnos a la mayoría de las personas: amamos la alegría, pero huimos de la tristeza, la rechazamos y no dejamos que se nos acerque, ni tome el control de nuestro panel de mando emocional. ¿Te suena? Durante la película tengo que reconocer que me daban ganas de darle un puñetazo (ahí está la ira) a la alegría. ¡Qué tostón, siempre queriendo ver el lado alegre y positivo de las cosas!

La alegría lleva el control de la vida de Riley (la protagonista) y no deja que ninguna de las demás emociones se acerque mucho al panel de mando de sus emociones. Aleja a la tristeza (el papel mejor representado sin duda, y el que más me ha hecho reír al observarlo) y la mantiene a raya, incluso la encierra en un círculo sin dejarla salir. ¡Hay que estar alegres! parece ser el mantra que escuchamos constantemente. ¿Pero que hacer cuando la tristeza hace acto de presencia? Podemos ciertamente dejarla de lado, aislarla, al igual que en la película, o podemos escucharla. Hay un momento en la película en la que la tristeza nos enseña que “también ella tiene algo que enseñarnos”. Es cuando el amigo imaginario de Riley se pone triste porque ha perdido su vagón-cohete. La alegría no logra que Bing Bong se sienta bien y es precisamente la tristeza la que se acerca a él con compasión y empatía, no negando sus sentimientos sino honrándolos. ¿Alguna vez habéis estado con alguien que no se encontraba bien y no habéis querido sacarle de esa emoción? Es lo que hemos aprendido: Alegría, buena. Tristeza, mala. Y cuando os ha pasado a vosotros, ¿no habéis agradecido cuando alguien os escucha sin intentar cambiar vuestra emoción, de manera sincera y empática?

La felicidad no es únicamente vivir enganchados a la alegría con una sonrisa en nuestra cara a modo de Joker. La felicidad pasa por escuchar y honrar a nuestras emociones, por vivir con ellas sin dejarnos arrastrar por ellas. Dejarles un espacio para que se muevan. Ser ese espacio donde pueden ser abrazadas. Como escribía en esta otra entrada, El Baile de las Emociones, todas tienen su ritmo pero hay que abrirse a sentir esa cadencia. La alegría es expansiva y le gusta compartir. Es como el verano y el sol. La tristeza es como el otoño, como una tarde de lluvia, invita a la retrospección, a ir hacia adentro. Las dos pueden disfrutarse, las dos pueden saborearse y como decimos en el texto de hoy de Osho, las dos pueden celebrarse.

Si miro a mi vida la tristeza siempre ha estado presente, y siempre quise que no fuese así. Quería alejarla, pensaba que me impedía ser feliz. Me sentía un bicho raro, alguien solitario y tristón. Hice de todo para que desapareciese, y cuando veía que no encontraba la salida lo único que quería era que esta pesadilla (vida) se terminase de una vez. Ahora veo que sin la tristeza posiblemente este blog no existiría. Seguiría en un trabajo que no me gustaba. Nunca habría descubierto la espiritualidad ni tantas cosas más. La tristeza me ayudó a mirar más allá de este pequeño yo que creo ser. Me mostró muchos regalos, algunos que todavía estoy disfrutando. Se que en algún momento miraré hacia atrás y lloraré al darme cuenta de que como dice Jeff Foster en este texto, la tristeza fue el portal para la alegría. 🙂 ❤

A veces está bien sentirnos tristes,
sin saber por qué nos sentimos tristes,
o cómo fue que la tristeza llegó hasta aquí,
o por cuánto tiempo va a permanecer.
Está bien sentirnos tristes y no intentar no sentirnos tristes,
y no juzgarnos en absoluto.

Siente la cruda energía en el cuerpo, sin ponerle ningún nombre.
Siente la presión en el pecho, el nudo en la garganta,
la temblorosa sensación en todo tu sistema.
No resistas la energía, y no te preocupes acerca de ninguna resistencia.
Deja que la energía se mueva, que crezca aún más, si es necesario,
para que se libere a sí misma en su propio tiempo.
Sé paciente con la tristeza.
Deja que se acerque, deja que te engulla, si es necesario.
Hasta que no haya ninguna división entre ‘yo’ y ‘tristeza’.
Hasta que no puedas volver a llamarla ‘tristeza’.
Hasta que sólo quede la intimidad.
Sé el abrazo de la tristeza, su amoroso padre,
su hogar, su protección.
Sí, la tristeza te mantiene tierno y flexible.
Te recuerda, cada vez que la olvidas,
la hermosa fragilidad que hay detrás de todas las cosas.
En la ternura del corazón reside su capacidad de amar.
La tristeza no es el opuesto de la alegría, sino el portal hacia ella.

~~Jeff Foster ❤

No te identifiques con la tristeza. Transfórmate en su testigo y disfruta del momento de tristeza, porque la tristeza tiene su propia belleza. Nunca te has fijado en ello. Te identificas tanto, que nunca penetras en la belleza de un momento triste. Si te fijas, te sorprenderás de los tesoros que te has estado perdiendo. Fíjate: cuando eres feliz nunca eres tan profundo como cuando estás triste. La tristeza tiene profundidad; la felicidad tiene algo de superficial. Observa a la gente feliz.

Los que pretenden ser felices—los playboys y playgirls que encontrarás en los clubs, en los hoteles, en los teatros—siempre están sonriendo y burbujean felicidad. Los encontrarás insípidos, superficiales. No tienen ninguna profundidad. La felicidad es como las olas, solamente superficial; vives una vida trivial. Pero la tristeza tiene algo de profundo. Cuando estás triste no es como las olas en la superficie, es como la profundidad misma del Océano Pacífico; millas y millas. ❤

Sumérgete en su profundidad, obsérvala. La felicidad es ruidosa; la tristeza tiene un cierto silencio. La felicidad puede ser como el día, la tristeza es como la noche. La felicidad puede ser como la luz, la tristeza es como la oscuridad. La luz va y viene; la oscuridad permanece, es eterna. La luz se presenta a veces; la oscuridad está siempre ahí. Si penetras en la tristeza sentirás todas estas cosas. De pronto te darás cuenta que la tristeza está ahí como un objeto, tú la estás observando, eres testigo de ella, y repentinamente empiezas a sentirte feliz. ¡Qué bella es la tristeza!

Una flor de la oscuridad, una flor de eterna profundidad. Como un abismo sin fondo, tan silenciosa, tan musical; no hay ruido en absoluto, ninguna perturbación. Uno puede ir cayendo en ella incesantemente y uno puede salir de ella absolutamente rejuvenecido. Es un descanso.

Depende de la actitud. Cuando te entristeces piensas que te ha sucedido algo malo. El que algo malo te ha ocurrido es sólo una interpretación y entonces tratas de escapar. Nunca meditas sobre ello. Luego quieres ir a ver a alguien; a una fiesta, al club, o enciendes la televisión o la radio, o empiezas a leer el periódico; haces algo para poder olvidar. Esta— que la tristeza es algo malo—es una actitud errónea que te ha sido transmitida: No hay nada malo en ella. Es otro polo de la vida.

La felicidad es un polo, la tristeza es el otro. La dicha suprema es un polo, la infelicidad es el otro. La vida es ambos. Una vida de pura dicha tendrá extensión, pero no tendrá profundidad. Una vida de pura tristeza tendrá profundidad, pero no tendrá extensión. Una vida de ambas, tristeza y felicidad, es multidimensional; se mueve en todas las direcciones conjuntamente. Fíjate en la estatua de Buda o, a veces, mira mis ojos y encontrarás ambas; encontrarás una felicidad que contiene también tristeza, una paz y también una tristeza. Porque esa tristeza le da profundidad. Observa la estatua de Buda: dichoso, sin embargo triste. La propia palabra “triste” te da connotaciones equivocadas de que algo está mal. Esa es tú interpretación.

Para mí, la vida es buena en su totalidad. Y cuando entiendes la vida en su totalidad, sólo entonces puedes celebrarla; de otro modo no. Celebración significa: cualquier cosa que suceda no importa, la celebraré. La celebración no está condicionada a ciertas cosas: “Cuando sea feliz lo celebraré” o “Cuando esté triste no lo celebraré”. La celebración es incondicional; celebro la vida. Si trae infelicidad, bien, lo celebro. Si trae felicidad, bien, lo celebro. La celebración es mi actitud, independientemente de lo que la vida traiga.

Pero cada vez que utilizo las palabras, surge un problema. Esas palabras tienen connotaciones en tu mente. Cuando digo “celebra”, tú piensas que uno tiene que estar feliz. ¿Cómo puede uno celebrar cuando está triste? No estoy diciendo que uno tenga que estar feliz para celebrar. La celebración es gratitud por cualquier cosa que la vida te dé, cualquier cosa que Dios te dé. Celebración es una gratitud, es estar lleno de agradecimiento.

Esta es una actitud que no depende de la situación. La situación no es importante. Celebra, ante cualquier suceso. Si estás triste, celebra por estar triste. Haz la prueba. Haz solamente la prueba y te sorprenderás; sucede. ¿Estás triste? Empieza a bailar, porque la tristeza es muy bella, ¡Silenciosa flor del ser! Baila, disfruta, y de pronto sentirás que la tristeza está desapareciendo; se crea una distancia. Poco a poco olvidarás la tristeza y estarás celebrando. Habrás transformado tu energía.

Esto es alquimia: transformar los metales comunes en el oro más puro. La tristeza, la ira, los celos; metales bajos que pueden ser transformados en oro porque están constituidos por los mismos elementos que el oro. No hay diferencia entre el oro y el hierro, porque tienen los mismos elementos, los mismos electrones. ¿Has pensado alguna vez que un trozo de carbón y el más preciado de los brillantes del mundo son la misma cosa? No hay ninguna diferencia. En efecto, el carbón comprimido por la tierra durante millones de años se convierte en diamante. Sólo una diferencia de presión, pero ambos son carbón, ambos están constituidos por los mismos elementos.

Lo más bajo puede ser transformado en lo más alto. A lo bajo no le falta nada.

Sólo se necesita una redistribución, una recomposición. La alquimia no es más que esto. Cuando estés triste, celebra y le estarás dando una nueva composición a la tristeza. Le estás aportando algo que la transformará. Le estás aportando celebración. ¿Está enojado? Entrégate a una hermosa danza. Al principio el baile será agresivo, violento. Poco a poco, se hará más suave y más suave y más suave; entonces de pronto, te habrás olvidado del enojo. La energía habrá cambiado, se habrá convertido en danza.

Pero cuando estás enojado, no eres capaz de pensar en bailar. Cuando estás triste no eres capaz de pensar en cantar. ¿Por qué no hacer de tu tristeza una canción? Canta, toca tu flauta. Al principio las notas serán tristes, pero no hay nada malo en una nota triste. ¿Has oído? A veces, en la tarde, cuando todo está caliente, todo quema, cuando todo es fuego a tu alrededor, de pronto, desde un huerto de mangos, puedes oír un pajarito que empieza a cantar. Al principio la nota es triste. Está llamando a su amada, a su amor, en una tarde muy calurosa. Todo es fuego alrededor, está ansioso de amor. Una nota muy triste, pero bella. Poco a poco, la nota triste se convierte en una nota alegre. La amante empieza a responderle desde otro bosquecillo. Ahora ya no es una tarde calurosa; todo se refresca en el corazón. Ahora la nota es diferente. Cuando la amante responde, todo ha cambiado. Es un cambio alquímico.

¿Estás triste? Empieza a cantar, a rezar, a bailar. Lo que puedas hacer, hazlo, y poco a poco, el metal más bajo se transformará en el más alto, en oro. Una vez que conozcas la llave, tu vida no volverá a ser nunca la misma. Podrás abrir cualquier puerta. Y ésta es la llave maestra: celebrarlo todo.

Fuente: Osho ❤

Una de las formas en que puedes celebrar la tristeza es a través de la música. Hace tiempo yo tuve una experiencia muy bonita con el Gospel que he relatado en esta entrada: “Oh Happy Day” Espero que te sirva de inspiración. 🙂

Y para terminar la entrada de hoy una banda sonora de esa que te ponen un nudo en la garganta y que no puedo escuchar sin que salte alguna lagrimita. Te sugiero que cierres los ojos y te dejes arrastrar por el sonido del violín (¡como no!). Deja que la melodía te atraviese, que te hable muy profundo. Oberva la belleza que se esconde detrás de las notas, y cuando termine la canción permanece ahí en silencio, contigo mismo, sintiendo…

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¡Feliz fin de semana! ¡Sed felices! 🙂

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