El camino de las nubes blancas

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Cuando Buda estaba a punto de morir, alguien le preguntó: Cuando un Buda muere, ¿adónde va? ¿Sobrevive o simplemente desaparece en la nada?”

Esta pregunta es una de las más antiguas, y se la ha repetido y formulado en numerosas ocasiones. Se dice que Buda respondió: “Simplemente, es como una nube blanca que desaparece…”

Esta misma mañana, en el cielo había nubes blancas. Ahora ya no están. ¿Adónde se han ido? ¿De dónde provienen? ¿Cómo se forman, y cómo vuelven a disolverse? Una nube blanca constituye un misterio: su llegada, su partida, su existencia misma. Ésta es la primera razón por la cual llamo a mi camino El Camino de las Nubes Blancas.

Pero hay muchas otras razones, y es bueno reflexionar, meditar acerca de ellas. Una nube blanca existe sin raíz alguna. Es un fenómeno desarraigado, que no se apoya en ningún lugar, o bien se apoyo en el no lugar.

Pero, aun así, existe. Toda la existencia es como una nube blanca: carece de raíces, de causalidad, de causa final, pero igual existe. Existe como un misterio.

Una nube blanca en realidad no tiene un camino propio. Anda a la deriva. No tiene un lugar al cual llegar, un objetivo, un destino que realizar, un fin. No es posible frustrar a una nube blanca porque, dondequiera que llegue, ésa será su meta. Si uno tiene un objetivo, seguro que habrá de frustrarse. Cuanto más orientada hacia una meta sea una mente, más angustia, ansiedad y frustración habrá que soportar pues, cuando uno tiene un objetivo, se mueve con un destino predeterminado. Y el todo existe sin destino alguno, sin dirigirse a ningún lugar en particular; carece de objetivos y de propósitos.

Una vez que tienes un propósito, te mueves en sentido opuesto al de la totalidad (recuerda esto); y entonces, te sentirás frustrado. No puedes derrotar al todo. Tu existencia es tan diminuta que no puedes combatir, no puedes vencer. Es imposible concebir cómo un ente individual podría conquistar al todo. Y, si el todo carece de propósitos y tú los tienes serás derrotado.

Una nube blanca flota hacia donde el viento la lleve. No se resiste, no lucha. Una nube blanca no es conquistadora, y sin embargo flota por encima de todo. No la puedes conquistar; no la puedes derrotar. No tiene una mente que conquistar: por eso no la puedes derrotar. Una vez que te has fijado un objetivo, una meta, un destino, un sentido, una vez que has entrado en la locura de llegar a algún lugar, entonces surgen los problemas. Y, con certeza, serás derrotado. Tu derrota está en la naturaleza de la existencia misma.

Una nube blanca no tiene adonde ir. Se mueve, se mueve por todas partes. Es dueña de todas las dimensiones, así como de todas las direcciones. Nada le está vedado. Todo es, existe, en una completa aceptación. Por eso llamo a mi camino El Camino de las Nubes Blancas.

Las nubes blancas no tienen un camino propio; andan a la deriva. Un camino lleva a un punto de llegada. El Camino de las Nubes Blancas implica un sendero sin senda, un camino sin rumbo. En movimiento, pero sin intencionalidad alguna. Es necesario que se entienda este punto, porque objetivo e intencionalidad aluden a lo mismo. Esto explica por qué no puedes concebir cómo vivir sin objetivos… porque la mente no puede existir sin objetivos.

Y la gente es tan ridícula que hasta viene y me pregunta: “¿Cuál es el objetivo de la meditación?”

La meditación no puede tener objetivo alguno, porque básicamente implica un estado de abolición de la mente. Existe allí donde existes tú, y no en camino hacia ningún otro lado. Donde sea, simplemente existir: ésa es la meta. La meta es aquí y ahora. Cuando la meta está en otra parte, la mente inicia su travesía. Entonces, empieza a pensar y así comienza el proceso. Si el futuro está allí, entonces la mente puede fluir, puede encontrar su curso y tener espacio para moverse. Un objetivo implica futuro, y el futuro, a su vez, implica tiempo.

Una nube blanca flota en el cielo, sin tiempo, porque carece de futuro y de mente. Es aquí y ahora. Cada momento constituye la eternidad total. Pero, como la mente no puede existir sin objetivos, sigue creando objetivos. Si los así llamados objetivos mundanos se pierden, la mente crea objetivos religiosos, objetivos de otro mundo. Si el dinero ya no sirve, entonces resulta útil la meditación. Si el así llamado mundo de la competencia, de la política, ya no sirve, entonces adquiere importancia otro mundo de nueva competencia, de religión, de logros. Pero la mente siempre aspira a encontrar algún sentido, algún objetivo. Y, para mí, sólo puede ser religiosa una mente que no tiene objetivos. Pero eso significa que la mente ha dejado de ser una mente. Piénsate a ti mismo como una nube blanca, sin mente.

En el Tibet, practican la meditación: los monjes se sientan en las colinas, solos, absolutamente aislados, pensando sólo en nubes blancas flotando por el cielo, en un estado de continua contemplación, y sumergiéndose poco a poco. Entonces, se sienten como nubes blancas; en la cumbre de las colinas, como una nube blanca. Sin pensar, sino estando allí. Sin oponer resistencia, sin luchar, sin que haya nada que conseguir, ni nada que perder. Sólo disfrutando la existencia misma, celebrando el momento: el placer, el éxtasis de la vida.

Por eso llamo a mi camino El Camino de las Nubes Blancas. Y me gustaría que tú también fueras como las nubes blancas que andan a la deriva por el cielo. Digo que andan a la deriva, y no que se mueven. No moverse hacia un punto, sino flotar hacia donde quiera que el viento te lleve. Dondequiera que estés, ésa es la meta. La meta no es algo que termina en algún punto, la meta es el recorrido. La meta es cada momento.

Aquí tú eres un siddha para mí, un ser iluminado. Aquí has tenido éxito. Aquí eres lo más perfecto que puedes, igual que un Buda, un Mahavira, o un Krishna. No hay nada más que conseguir. En este mismo momento, todo está allí, sólo que no estás atento. Y no estás atento porque tu mente está en el futuro. No estás aquí. No eres consciente de lo que te está sucediendo en este preciso momento. Y esto es lo que ha ocurrido siempre. Esto ha venido ocurriendo para muchos, muchos millones de vidas. En todo momento has sido un Buda. ❤

No ha dejado de ocurrir ni por un solo momento. Esto no puede dejar de ocurrir; así es la naturaleza misma, así son las cosas. ¡No te lo puedes perder!

Pero no eres consciente, y no puedes serlo, a causa de tener una meta en algún lado, algo que conseguir. A causa de la creación de esa barrera y de la pérdida de lo que eres. Una vez que descubres esto, una vez que te das cuenta, una vez que tomas conciencia de ello, se te revela el misterio más grande de la existencia: que todos somos perfectos. Eso es lo que queremos decir cuando afirmamos que cada uno es Brahma: cada uno es el alma, el alma final, divina. A eso aludimos cuando decimos tattwanasi: tú eres eso. No es que debas transformarte en eso pues, si debieras transformarte en eso, no lo serías.

Y si no lo fueras ya, ¿cómo podrías transformarte en eso? La semilla se transforma en árbol porque el árbol ya está en la semilla. Una piedra no podría transformarse en árbol. ¡La semilla se transforma en árbol porque el árbol ya está en la semilla!

Entonces, no es una cuestión de transformación; es una cuestión de revelación. La semilla se nos revela en este momento como semilla, y luego, como árbol. Por lo tanto, es una cuestión de revelación. Y, si eres capaz de entenderlo profundamente, la semilla es el árbol en este preciso momento.

Los místicos tibetanos, los maestros zen o los derviches sufíes, todos han hablado de las nubes blancas. Las nubes blancas siempre han atrapado al ser interior de mucha gente. Se logra una armonía, según parece, con las nubes blancas. Transfórmalo en meditación y muchas cosas vendrán a ti.

No hay que tomarse la vida como un problema. Cuando entras por esa vía, estás perdido. Una vez que piensas que la vida es un problema, nunca lo puedes resolver. Así es como se mueve la filosofía, y así es como la filosofía siempre se mueve erradamente. No hay filosofías correctas: no puede haberlas. Todas las filosofías son erróneas. Filosofar es erróneo, pues la filosofía implica el paso inaugural de considerar la vida como un problema.

Una vez que se piensa la vida como un problema, no hay solución para ella. La vida no es un problema, sino un misterio, que es la forma en que la toma la religión.

Una nube blanca es la cosa más misteriosa: de repente aparece, de repente desaparece. ¿Has pensado alguna vez que las nubes no tienen nam-roop: ni nombre, ni forma? Ni siquiera por un momento se conserva la forma. Es cambiante, se transforma, como la corriente de un río. Puedes atribuirle forma a una nube, pero es una proyección tuya. Una nube no tiene forma; carece de forma o está permanentemente tomando forma; es un flujo. Y así es la vida. Se le proyectan todas las formas.

En esta vida te defines como hombre y en una vida anterior puedes haber sido mujer. En esta vida eres blanco y en la próxima vida puedes ser negro. En este momento eres inteligente y al momento te vuelves estúpido. En este momento eres callado y al momento te enloqueces, te enfureces y te pones agresivo. ¿Has adquirido una forma? ¿O estás cambiando permanentemente? Eres un flujo, una nube. ¿Tienes un nombre, una identidad? ¿Puedes definirte como una cosa u otra? Cuando afirmas ser esto, en ese mismo momento tomas conciencia de que también eres lo opuesto.

Le dices a alguien: “Te amo.” Y, en ese preciso instante, el odio está allí. Le dices a alguien que eres su amigo,y en ese mismo instante el enemigo ríe en tu interior, esperando su momento. En algún momento afirmas que estás feliz y precisamente en ese momento se pierde la felicidad y te pones triste. No tienes identidad. Si tomas conciencia de esto, te transformas en una nube sin forma, sin nombre. Y entonces te lanzas a la deriva.

Para mi, la vida de una nube blanca es la vida de un sannyasin, un hombre que ha renunciado. La vida de un padre de familia constituye una rutina preestablecida. Es algo muerto, un molde. Tiene un nombre, una forma.

Se mueve sobre una senda particular demarcada, como los trenes se desplazan por las vías del ferrocarril. Los trenes tienen un objetivo, tienen que llegar a algún sitio. Pero un sannyasin es como una nube blanca que anda a la deriva por el cielo: no hay vías marcadas para él, ni rutas, ni identidades. No es nadir y vive la vida del no ser, vive como si no viviera.

Si puedes vivir la vida como si no vivieras, estás de mi lado. Y, cuanto más existas, tanto más enfermo estarás; cuanto menos existas, tanto más saludable estarás. Cuanto menos existas, tanto más ingrávido serás. Cuanto menos existas, tanto más divino y dichoso serás.

Cuando afirmo que la vida no es un problema sino un misterio, quiero decir que no puedes resolverlo; puedes llegar a ser él. Un problema es algo para solucionar intelectualmente; pero, aun si lo resuelves, nada se obtiene. Has obtenido algo más de conocimiento, pero no te ha brindado placer. Un misterio es algo que puedes llegar a ser. Puedes hacerte uno con él, fundirte con él. Entonces viene el éxtasis, el arrobamiento: lo máximo que puede sucederle a un ser, el máximo placer.

La religión toma la vida como un misterio. ¿Qué puedes hacer con un misterio? No puedes hacer nada por el misterio, pero puedes hacer algo por ti. Puedes tornarte más misterioso, y entonces lo semejante puede unirse a lo semejante, lo equivalente puede unirse a lo equivalente.

Busca el misterio en la vida. Dondequiera que mires (en las nubes blancas, en las estrellas de la noche, en las flores, en un río que corre), dondequiera que mires, busca el misterio. Y, cuando encuentres que allí hay misterio, medita acerca de ello.

Meditación significa: disuélvete ante ese misterio, aniquílate ante ese misterio, dispérsate ante ese misterio.

Deja de existir y deja que el misterio sea tan total que te absorba. Y de repente una nueva puerta se abre y se obtiene una nueva percepción. De repente, el mundo terrenal de la división, de la separación, ha desaparecido, y un mundo diferente, completamente diferente, de unidad, aparece ante ti. Todo pierde sus límites. Todo está con otras cosas, no está separado de¡ resto, sino que forma unidades. Esto sólo se puede lograr si haces algo contigo. Si debes resolver un problema, tienes que hacer algo con él. Debes encontrar una clave, una pista. Tienes que trabajar en el problema; tienes que moverte en un laboratorio: debes hacer algo. Si debes encontrar un misterio, tienes que hacer algo contigo; con el misterio no se puede hacer nada.

Somos impotentes frente a un misterio. Ésa es la razón por la cual nos la pasamos transformando los misterios en problemas, porque con los problemas podemos hacer algo, sentimos que tenemos el control. Con los misterios somos impotentes: no podemos hacer nada. Con los misterios, nos enfrentamos a la muerte y no hay control posible.

Ésta es la razón por la cual, cuanto más matemático y lógico se torna el intelecto humano, tanto menos abiertas están las posibilidades de éxtasis a la mente humana; tanto menos es posible la poesía. Se pierde el romance; la vida se vuelve fáctica y deja de ser simbólica.

Entonces, cuando digo que mi camino es El Camino de las Nubes Blancas, se trata de un símbolo. La nube blanca no está usada como un hecho, sino como un símbolo poético, como un indicio de profunda fusión en lo misterioso y en lo milagroso. ❤

Fuente: Osho, El Camino de las Nubes Blancas

Terminamos esta entrada con una canción de hace unos años que me encanta y espero que os guste. Se titula “Chasing Cars” y el grupo Snow Patrol. Una canción para relajarse y simplemente Ser.

*** La foto fue tomada desde mi ventana. ❤

Amor y sonrisas,

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***Recordaros que hacemos sesiones de liberación emocional, de liberación del cuerpo-dolor. Puedes ver las diferentes modalidades en el apartado de “SESIONES” de esta página. También podrás beneficiarte de las “Promociones” que están ahora mismo disponibles tanto para adultos como para niños y adolescentes.

***Recordaros que en el apartado “AMOR” de esta página compartimos diferentes herramientas (libros, enfoques, prácticas, meditaciones, vídeos,…) para ayudarnos a recordar el sistema de pensamiento del amor 

***Recordaros también que en el apartado “MILAGROS” la idea es acompañar en ese proceso del miedo al amor a través de cursos on-line y alguna otra plataforma que nos ayude a introducirnos en la metafíca (conceptos) y sobretodo la práctica de Un Curso de Milagros, y a facilitarnos el camino.

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