Las cinco heridas que impiden ser uno mismo (V): Injusticia

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Hoy terminamos con la última entrada basada en el libro, Las cinco heridas que nos impiden ser uno mismo, de Lise Bourbeau. Y ¡ya tenemos a la ganadora de la Beca de Bienestar Emocional de junio!, Digna. ¡Enhorabuena! 🙂 😉

Antes de meternos de lleno en esta última herida me gustaría comentar varias cosas. Todo lo que comparto en este blog es con la idea de que nos ayude en nuestro caminar aportándonos claridad y liberación. Me explico, estas cinco heridas son la visión de Lise, no es que sean una verdad absoluta. Y todo puede verse siempre desde dos perspectivas. La perspectiva del ego, miedo, y la perspectiva del Espíritu, amor. Desde la perspectiva del miedo, todo puede ser utilizado para hacernos creer que somos pequeños, algo frágil, herido. Algo que tiene que mejorar, sanar y perfeccionarse. Desde esta perspectiva nos embarcamos en una búsqueda que nos lleva a la extenuación, a la desesperación, la impotencia y la frustración dado que estamos intentando resolver un problema que NO EXISTE (no somos el ego). Desde la perspectiva del ego, todo puede interpretarse como “¡algo más que tengo que sanar!” y por lo tanto, ¡cuanto falta!, ¿cuando se acaba esto? La perspectiva del Espíritu es muy diferente. Es sus manos todo nos sirve para comprendernos y comprender a los demás y por lo tanto para amarnos y amar a los demás. Todos nuestros denominados “problemas” no son más que una falta de amor, no porque el amor no esté presente, sino porque no somos conscientes de él al mantenerlo oculto por miedo. Esta perspectiva siempre nos aporta liberación, claridad y paz. El Espíritu te lleva de la mano a darte cuenta de que en el fondo no se trata de resolver un problema detrás de otro, sino que abandonar la creencia en los problemas al mirar a toda situación que se presenta en tu vida a través de los ojos de la comprensión, del amor. Esta perspectiva te lleva a aceptar la sanación en este instante al deshacer la creencia en el tiempo lineal, que es la fuente de creer que estamos en un proceso. Todo lo que sanamos es una memoria, es pasado, y el pasado ya pasó. Como dice el Curso de Milagros: “El pasado ya pasó, no me puede afectar“. Luego sanar no es más que darse cuenta de que lo que creíamos real, nuestros problemas, no lo son. Que la mente en conflicto que cree en los problemas no somos nosotros, es un programa que no nos puede afectar salvo que nosotros le demos permiso a través de nuestro deseo y atención. No somos nuestras heridas emocionales, nunca hemos perdido nuestra inocencia. Pero tenemos que mirar al “error” a la cara para darnos cuenta de que en el fondo no es más que una invención de nuestra mente que cree en el conflicto, en la separación, en el pecado y en la muerte. He querido mostrar eso en las imágenes que acompañan a estos artículos. En todos ellos aparecen unas alas para recordarnos que nunca hemos perdido nuestras alas, que simplemente no somos conscientes de ellas, pero que están ahí esperando a que les demos la bienvenida y las abramos para ser libres. Así que si esta información te aporta paz, ¡estupendo!, sino simplemente déjala ir. Hay miles de libros y de teorías, incluso que se contradicen unas a las otras. Tu mejor maestro es tu maestro interior y él te guiará a encontrar aquello que te aporte luz, sanación y paz. Confía en tu sabiduría interna. ❤

Dicho esto, que me enrollo que no veas ;), vamos con el última herida según Lise: Injusticia, cuya máscara es rígido.

La persona que sufre de injusticia es, por consiguiente, la que no se siente apreciada o respetada en su justo valor o que cree no recibir lo que se merece. También se puede sufrir de injusticia cuando se recibe más de lo que se cree merecer. En consecuencia, la herida de injusticia puede ser causada al pensar que tenemos más cosas materiales que otros, o por el contrario, que no hemos recibido lo suficiente.

Esta herida despierta en el momento en que se desarrolla la individualidad del niño; es decir, entre los tres y los cinco años de edad, cuando el pequeño toma conciencia de que es un ser individual y una entidad completamente aparte, con sus diferencias.

Al niño le parece injusto no poder integrar bien su individualidad y no poder expresarse y ser él mismo; vive esta herida sobre todo, con su progenitor del mismo sexo. Sufre frialdad de este progenitor; en otras palabras, padece la incapacidad de éste de sentir y expresarse. En la mayor parte de los casos, este progenitor sufre la misma herida de injusticia, la cual tal vez no experimente de la misma forma o en las mismas circunstancias que su hijo, pero existe y el niño la percibe.

El alma que elige venir a la Tierra para curar la herida de injusticia selecciona padres que le ayudarán a restablecer contacto con esta herida. Uno de ellos la tendrá también, aún cuando pueda suceder que ambos la posean. La reacción ante la injusticia consiste en deslindarse de lo que se siente con la idea de protegerse. La máscara que crea el niño para protegerse en este caso es la rigidez; aún cuando la persona corte de tajo con sus sentimientos, esto no significa que no sienta nada. Por el contrario, las personas rígidas son muy sensibles, pero desarrollan la capacidad de no sentir esa sensibilidad y de no mostrarla a los demás. Se engañan creyendo que nada puede tocarlos. Es por ello que parecen frías e insensibles.

De los cinco tipos de caracteres, los rígidos son los más propensos a cruzarse de brazos para bloquear la región del plexo solar con la intención de no sentir. Otra forma de no sentir es vistiéndose de negro. Al huidizo también le gusta vestirse de negro, pero debido a una razón diferente: la de querer desaparecer. Las personas que tienen la herida de rechazo y la de injusticia por lo general sólo tienen ropa negra o muy oscura.

El rígido procura la justicia y la exactitud a toda costa. Quien sufre la injusticia es más propenso a sentir envidia de quienes tienen más y de quienes, según él, no lo merecen. También puede ser que esté convencido de que los demás lo envidian porque él tiene más. Los celos, que son diferentes de la envidia, son muy comunes porque teme ser abandonado, mientras que el controlador los siente por temor a ser traicionado.

La máscara de rigidez se caracteriza por un cuerpo erecto, rígido y lo más perfecto posible. Puede engordar, pero su cuerpo continúa estando bien proporcionado. Cabe señalar que el rígido es quien más temor tiene a subir de peso y hará todo lo posible para no engordar.

Desde pequeño, el rígido advierte que se le aprecia más por lo que hace que por lo que es. Aunque no siempre sea así en realidad, está convencido de ello. Por esto le gusta ser la estrella y comienza arreglárselas por sí mismo rápidamente. Hace todo para evitar tener problemas, y aun cuando está en un lío, prefiere decir que no está para evitar el sufrimiento que esto le provoca. Es muy optimista, por lo general demasiado optimista. Cree que al decir: “¡No tengo ningún problema!”, las situaciones problemáticas se solucionarán de inmediato. Además, hace lo posible por solucionarlas por sí mismo. No pide ayuda más que como último recurso.

Cuando se enfrenta a decepciones o a sucesos imprevistos, continúa diciendo “¡No pasa nada!”. Logra ocultar tan bien lo que siente que aparenta ser imperturbable.

Al igual que el controlador, el rígido con frecuencia tiene problemas de falta de tiempo, pero por motivos distintos. Al rígido le falta tiempo por pretender que todo sea perfecto, mientras que en el caso del controlador, esta falta obedece a que está demasiado ocupado entreteniéndose en los asuntos de los demás. Al rígido tampoco le gusta retrasarse, pero a veces llegará tarde porque invierte mucho tiempo en prepararse.

Cuando el rígido está convencido de tener razón ante la autoridad o ante alguien que se cree autoridad en la materia, se justifica hasta que se le dé la razón. Aborrece la autoridad, pues aprendió de pequeño que dicha autoridad siempre tenía la razón. Cuando los demás parecen dudar de él y le hacen muchas preguntas acerca de una situación, lo percibirá como un interrogatorio y lo sentirá como una injusticia, aunque sepa ser honrado y justo.

El mérito es importante para el rígido. Para él, merecer es obtener una recompensa por una buena actuación. Si recibe mucho sin haber trabajado demasiado, no cree merecerlo y se las ingenia para perderlo. Los que son extremadamente rígidos se organizan incluso para no recibir nada, pues según su criterio, deben ser extraordinarios para merecer una recompensa.

Utiliza con frecuencia las palabras “siempre”, “nunca” y “muy”. Para el rígido, todo suele ser muy bueno, muy bien, muy especial…

Cuando el rígido se encuentra emocionado prefiere no mostrarlo, pero es posible reconocerlo por el tono de su voz, que se torna seca y tensa. Quizá se ría para ocultar su sensibilidad y sus emociones. Puede reírse fácilmente sin motivo, por cosas que a los demás no les parecen graciosas.

Cuando se pregunta a un rígido como está, sistemáticamente responde: “¡Súper bien!”. Su respuesta es rápida, ya que no se toma tiempo para sentir.

El temor a equivocarse es muy fuerte en el rígido. Durante mis talleres, sólo las personas rígidas me preguntan: “¿Hice bien el ejercicio?”. Más que averiguar lo que sienten o lo que aprendieron sobre sí mismas al realizar el ejercicio, les interesa principalmente saber si lo hicieron bien. También he observado que cuando hablo de un comportamiento o de una actitud que el rígido ve en sí mismo como un defecto nuevo, es decir, como algo que considera incorrecto, me interrumpirá incluso antes de que termine para preguntar: “¿Y qué se hace al respecto?”. Desea adquirir habilidades para ser perfecto lo más pronto posible. Si no es perfecto, deberá controlarse para no incurrir en el defecto que acaba de descubrir.

He observado en la persona que porta la máscara de rígido la tendencia a enrojecer fácilmente cuando se relata algo que juzga como incorrecto. Al igual que los huidizos, estas personas son las que tienen más problemas cutáneos.

Este temor a equivocarse hace que la persona rígida se coloque a menudo en situaciones en las que debe tomar decisiones. A causa de su temor a tomar la decisión incorrecta, el rígido, por lo general, duda de sí mismo después de haber tomado la determinación, preguntándose si sus decisiones son las mejores o las más justas para sí mismo.

Las personas rígidas son muy exigentes consigo mismas en gran parte de los ámbitos que conforman su vida. Tienen una capacidad enorme para controlarse a sí mismos, así como para imponerse tareas.

Un paciente me relató un día que su padre le repetía sin cesar: “No tienes ningún derecho, sólo obligaciones”. Esta frase permaneció anclada en él desde muy pequeño, y reconocía que le era muy difícil desprenderse de ella. Nunca se permite pararse, divertirse ni descansar. Se siente obligado a estar siempre haciendo algo; de esta forma, cumple con su deber. El rígido se siente culpable si no hace nada mientras alguien trabaja. Esto le parece injusto.

El rígido no solo tiene dificultades para respetar sus límites sino, sobretodo, para conocerlos. Como no se toma el tiempo para sentir si lo que hizo responde o no a una necesidad, lo hace en exceso y únicamente se detiene cuando revienta.

Al rígido también le resulta difícil distinguir entre “rigidez” y “disciplina”. La siguiente es mi definición preferida de “rigidez”: la persona rígida olvida sus necesidades y se enfoca en el recurso que le permitirá satisfacer esa necesidad. La persona “disciplinada” encuentra un medio para satisfacer su necesidad, sin perderla de vita.

A menudo el rígido sufre tensión emocional porque impone la perfección en todo. El controlador también sufre en gran medida, pero por un motivo diferente: desea tener éxito, desea evitar el fracaso a toda costa por temor a la imagen que dará a los demás y también por temor a afectar su reputación.

La persona que lleva la máscara del rígido rara vez se enferma. De cualquier manera, aun cuando sienta dolor en alguna parte, comenzará a percibirlo hasta que su estado se agrave, ya es muy dura con su cuerpo.

La ira, sobretodo consigo mismo, es la emoción más común en el rígido. Cuando monta en cólera, su primera reacción es atacar aun cuando la ira sea consigo mismo. En realidad, está enfadado consigo mismo por no haber observado acertadamente una circunstancia o por no haber actuado bien, por ejemplo.

El rígido es también el tipo de persona para quien es difícil dejarse amar y demostrar amor. Por lo general, piensa demasiado tarde lo que debería haber dicho o las muestras de afecto que debería haber dado a quien amaba. Pasa entonces por ser una persona fría y no afectuosa.

Al ser tan sensible, el rígido evita que otros lo toquen psicológicamente, y esto puede provocarle problemas cutáneos. La persona que tiene problemas cutáneos se avergüenza principalmente de lo que los demás pueden ver o pensar de ella.

La comparación es otro recurso que suele utilizar el rígido para ser injusto consigo mismo. Tiende a compararse con quienes considera mejores que él, y sobre todo más perfectos que él. Es muy común que de pequeño, el rígido se sienta comparado con sus hermanos o amigos o compañeros de escuela.

La frialdad es el mayor temor del rígido. Les es tan difícil aceptar su propia frialdad como la de otros, y hace todo lo posible por mostrarse cálido. Cree, además, que es afectuoso y no se percata realmente de que los demás lo pueden considerar insensible y frío. Tampoco advierte que evita tener contacto con su sensibilidad para no mostrar su vulnerabilidad. No puede aceptar su frialdad porque sería admitir que es desalmado, lo que puede significar injusto. Por ello es tan importante para el rígido escuchar que es bueno; es decir, bueno en lo que hace y lleno de bondad.

En su vida sexual, el rígido por lo general tiene dificultades para abandonarse y sentir placer. Le resulta difícil expresar toda la ternura que siente. Sin embargo, es el que físicamente tiene la apariencia más sensual. La mujer rígida se crea con facilidad un ideal de relación sexual que no es realista. Cuando decide entregarse, con frecuencia se siente decepcionada porque la situación real no corresponde con su ideal. A la persona rígida le resulta difícil comprometerse por su temor a equivocarse en la elección de compañero. Este temor al compromiso es diferente al del controlador, quien teme a la separación, a tener  que deshacer el compromiso.

La persona rígida tiene varios tabúes en el plano sexual, ya que el bien y el mal también dirigen su vida en este aspecto.

En el plano de la alimentación, el rígido prefiere los alimentos salados a los dulces. También le gusta todo lo crujiente. De los cinco tipos, es el primero que sin duda decidirá ser vegetariano.

Las siguientes son las enfermedades que puede atraer la persona que porta la máscara de rígido:

  • Siente la rigidez en su cuerpo a modo de tensión en la parte superior de la espalda o en le cuello, así como en las articulaciones (tobillos, rodillas, caderas, codos, muñecas). A los rígidos les gusta hacer crujir los huesos de los dedos.
  • El agotamiento por exceso de trabajo.
  • Enfermedades terminadas en “itis”, como tendiditis, bursitis, artritis. Toda enfermedad que termina en “itis” indica ira reprimida, muy común en los rígidos.
  • También es propenso a tortícolis debido a su dificultad para ver todos los aspectos de la situación que considera injusta.
  • Problemas de estreñimiento y hemorroides, por su dificultad para ceder, y por el control en el que vive.
  • Calambres que se manifiestan cuando una persona se retrae o se inhibe por miedo.
  • Su dificultad para sentir placer puede producirle problemas de circulación sanguínea y varices.
  • Suele tener la piel seca.
  • Es posible que tenga espinillas en el rostro cuando teme equivocarse o no estar a la altura de sus propias expectativas.
  • La psoriasis es común en las personas rígidas, pues atraen este problema para no estar demasiado bien o no ser demasiado felices, lo cual sería injusto en relación con los demás. Es notable que los brotes de psoriasis suelen presentarse durante las vacaciones o en momentos en que todo marcha bien en su vida.
  • Las alteraciones del hígado son frecuentes debido a su ira contenida.
  • El nerviosismo es común, aun cuando la mayor parte del tiempo pueden controlarlo para que no sea visible al exterior.
  • Es muy usual que el rígido sufra insomnios, sobre todo el que no descansa sino cuando todo está terminado y perfecto. Piensa tanto en lo que tiene que hacer que se despierta y no recupera el sueño.
  • También tiene problemas de vista debido a su dificultad para darse cuenta de que ha tomado la decisión equivocada o que quizá su percepción sobre alguna situación no sea la correcta. Prefiere no ver nada de lo que considera incorrecto para no sufrir. Utiliza con frecuencia la expresión: “¡No está claro!”.

La máscara de rígido suele ocultar la herida de rechazo.

Si te ves en la herida de injusticia, es importante recordar que el progenitor de tu mismo sexo la tuvo, y probablemente aún la tiene con el progenitor de su mismo sexo.

Recuerda que la razón principal de cualquier herida se deriva de la incapacidad de perdonar lo que nos hacemos a nosotros mismos o lo que hemos hecho sufrir a otros. Nos es difícil perdonarnos, pues en general no tenemos conciencia de nuestros reproches. Cuanto más profunda sea la herida de injusticia, más significará que eres injusto contigo mismo al exigirte demasiado, al no saber cuáles son tus límites y al no darte placer con la frecuencia necesaria.

Reprochamos a los demás lo que no nos hacemos a nosotros mismos y no queremos ver. Esta es la razón por la que atraemos a nuestro alrededor a personas que nos muestran lo que hacemos a otros o lo que nos hacemos a nosotros mismos.

Las conductas propias del rígido son dictadas por el temor a revivir la herida de injusticia.

Si identificas esta herida en otras personas que conoces, no debes intentar cambiarlas. Utiliza lo que has aprendido para ser más compasivo con ellas y comprender mejor sus reacciones.

Características de la herida de injusticia:

Surgimiento de la herida: entre los cuatro y los seis años de edad. Debe ser la estrella y perfecto. Bloqueo de individualidad.

Máscara: Rígido.

Progenitor: del mismo sexo.

Cuerpo: erguido, rígido y lo más perfecto posible. Bien proporcionado. Movimientos rígidos. Piel clara. Mandíbula firme. Cuello tieso. Erguido, con orgullo.

Ojos: mirada brillante y viva. Ojos claros.

Vocabulario: “no hay problema”, “no pasa nada”, “siempre”, “nunca”, “muy bueno”, “muy bien”, “muy especial”, “justamente”, “exactamente”, “¿estás de acuerdo?”.

Carácter: perfeccionista. Envidioso. Se desvincula de sus sentimientos. Cruza los brazos. Actúa para destacar y ser perfecto. Demasiado optimista. Vivaz, dinámico. Se justifica. Dificultad para pedir ayuda. Puede reír para ocultar su sensibilidad. Tono de voz seco y tenso. No admite tener problemas. Dudas. Se compara con el mejor y el peor. Dificultad para recibir. Considera injusto recibir menos y más injusto aún recibir más que los otros. Dificultad para sentir placer sin sentirse culpable. No respeta sus límites y se exige mucho. Se controla. Le gusta el orden. Rara vez se enferma, es duro con su cuerpo. Explosivo. Frío. Le es difícil mostrar su afecto. Apariencia sensual.

Mayor temor: la frialdad.

Alimentación: prefiere los alimentos salados. Le gusta lo crujiente. Se controla para no engordar. Se justifica cuando pierde el control.

Enfermedades posibles: agotamiento, anorgasmia (mujeres), eyaculación precoz o impotencia (hombres). Enfermedades que terminan en “itis”: tendiditis, bursitis, artritis. Tortícolis, estreñimiento, hemorroides, calambres, circulación, hígado, problemas de piel, nerviosismo, vista deficiente.

Fuente: Las cinco heridas que nos impiden ser nosotros mismos, Lise Bourbeau

Durante todo el tiempo que he estado escribiendo esta entrada una película ha venido una y otra vez a mi mente así que terminamos con esta recomendación. La película se titula, Un pedacito de Cielo y nos habla del miedo a sentir, del miedo al amor. Os dejo con el trailer. Si alguien tiene alguna película que refleje esta herida que me lo haga saber. Gracias 🙂 ❤

Un abrazo enorme,

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