Las cinco heridas que impiden ser uno mismo (IV): Traición

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Empezamos nuevo mes y volvemos a conceder una nueva Beca de Bienestar Emocional entre todas las personas que la hayan solicitado. El mes pasado la agraciada fue Amanda, y el próximo lunes habrá una nueva persona beneficiada.

Continuamos con las cinco heridas que nos impide ser nosotros mismos, en este caso la cuarta: Traición, cuya máscara es Control.

Es posible traicionar a alguien o sufrir una traición de distintas maneras. Según el diccionario, una de las acepciones de traicionar es: “Violar la fidelidad a alguien o a una causa, abandonar o denunciar a alguien”. El término más importante que se relaciona con la traición es el de fidelidad, que es lo contrario a la traición. Ser fiel es cumplir compromisos, ser leal y devoto. Se puede confiar en la persona fiel, pero cuando se pierde la confianza, se sufre traición.

Esta herida surge entre los dos y los cuatro años de edad, cuando se desarrolla la energía sexual y aparece el llamado complejo de Edipo. Esta herida se vive con el progenitor del sexo opuesto. El alma que desea sanarla es atraída al progenitor con el que tendrá una fuerte conexión de amor y una atracción mutua e intensa; de ahí que también padecerá un profundo complejo de Edipo.

He observado que las personas que han sido objeto de traición no resolvieron su complejo de Edipo cuando eran pequeños. Esto significa que su apego al progenitor del sexo opuesto es demasiado grande, lo cual más adelante afectará a sus relaciones sexuales y afectivas. Estas personas tienden a comparar sin cesar a su pareja con el progenitor del sexo opuesto o se crean numerosas expectativas de su pareja para compensar así lo que no recibieron de ese progenitor.

El alma que se encarna con la finalidad de sanar la herida de traición elige a padres que ejercen la seducción con el hijo y que, por lo general, se centran en sí mismos. Con este tipo de progenitor, el niño es inducido a sentir que sus padres lo necesitan, y desea sobretodo que el del sexo opuesto se sienta bien. Intenta por cualquier medio ser especial para éste último.

El niño se siente traicionado por el padre del sexo opuesto cada vez que éste no cumple una promesa o cuando traiciona su confianza. Esta traición la experimenta, sobre todo, en el plano amoroso.

Cuando el niño comienza a vivir experiencias de traición se crea una máscara para protegerse, al igual que hace en el caso de las demás heridas. Esta máscara es la del controlador. El tipo de control que ejerce el controlador es motivado por la misma razón que el control que ejerce el masoquista, quien toma las riendas de la situación para no sentir vergüenza o para no avergonzar a los otros. El controlador que ahora nos ocupa desarrolla esta conducta para asegurarse de que mantendrá sus compromisos, para ser fiel y responsable o para garantizar que los demás mantengan sus respectivos compromisos.

El controlador desarrolla un cuerpo que exhibe fuerza, poder y parece decir: “Yo soy responsable, pueden confiar en mí.” Las personas que portan la máscara de control ocupan su lugar, al tiempo que su aspecto físico es fundamental para ellos. Con frecuencia emanan un “mírenme”.

La mirada del controlador es intensa y seductora. Cuando mira a una persona tiene el don de hacerla sentir especial e importante.

En cuanto al comportamiento y las actitudes interiores del controlador, destaca la fuerza como característica común a todos aquellos que tienen la herida de traición. Como les es difícil aceptar cualquier forma de traición, proveniente de ellos mismos o del los demás, hacen todo lo que está en su mano por ser personas responsables, fuertes, especiales e importantes. El controlador satisface así su ego, que no desea ver cuántas veces a la semana se traiciona a sí mismo o traiciona a otros sin percatarse de ello la mayor parte de las veces, porque traicionar es tan inaceptable que no desea admitir que puede hacerlo. Si es consciente haber traicionado a alguien al no cumplir una promesa se justifica con todo tipo de excusas e incluso puede llegar a recurrir a la mentira para evitar la verdad.

No olvides que cada una de nuestras heridas está presente para recordarnos que si los otros nos han hecho sufrir es porque nosotros les hemos hecho a ellos lo mismo o nos lo hemos hecho a nosotros mismos. Esto es algo que el ego no puede comprender ni aceptar. Si te reconoces en la máscara de controlador y sientes cierta resistencia al leer estas líneas, es tu ego el que se resiste, y no tu corazón.

De las cinco heridas, el controlador es el que se crea mayores expectativas en quienes lo rodean porque suele prevenir todo para controlarlo. Mencioné en el capítulo anterior que el dependiente también se crea muchas expectativas en los demás. Sin embargo, sus expectativas se relacionan con su necesidad de recibir ayuda y apoyo a causa de su herida de abandono, lo que le permite sentirse importante. En el caso del controlador, en cambio, sus expectativas tienen la finalidad de comprobar si hace bien lo que debe hacer, ya que eso le da confianza. Además, es muy hábil para adivinar las expectativas de los otros. Con frecuencia puede decir o responder algo en función de los deseos de otros aunque ello no suponga realmente que tenga la intención de hacer lo que acaba de decir.

El controlador tiene una personalidad fuerte. Afirma lo que cree con fuerza y espera que los demás acepten lo que él piensa. Se forma rápidamente una opinión sobre alguien o algo y está convencido de tener la razón; da su opinión de manera categórica y desea a toda costa convencer a los demás. Utiliza con frecuencia la expresión: ¿Me entiendes?, para asegurarse que se ha dado a entender bien. Cree que cuando alguien más lo entiende, significa que está de acuerdo con él, lo que por desgracia no siempre es el caso.

La persona controladora se las ingenia para no participar en situaciones conflictivas o en las que no tendrá el control. El controlador es rápido en sus actos. Comprende o desea comprender rápidamente y le resulta difícil tratar con las personas que se toman demasiado tiempo para explicar o narrar algo. No obstante, si alguien se atreve a darle el mismo tratamiento a él, dirá enérgicamente: “¡Permíteme terminar, no he acabado de hablar!”.

Es una persona talentosa y actúa rápidamente, por lo que muestra poca paciencia con las personas más lentas. Cuando algo no marcha a la velocidad que desea, y sobre todo cuando le molesta cualquier imprevisto, el controlador se enfurece. También le gusta ser el primero en acabar, sobre todo en cualquier tipo de competición. Acabar pronto es más importante que hacer bien las cosas.

Cuando las cosas no funcionan según sus expectativas, es fácil que se vuelva agresivo aunque no parezca estarlo, ya que en realidad aparenta ser alguien seguro de sí mismo, fuerte y una persona que no permite que la pisoteen. De los cinco caracteres, el controlador es el que tiene más altibajos en su estado de ánimo. Un minuto será todo amor y atención, y al siguiente montará en cólera por lo más mínimo. Las personas que le rodean no saben a qué atenerse, y los demás suelen vivir este tipo de actitud como si fuera una traición.

Por ello el controlador debe trabajar su paciencia y tolerancia, sobre todo cuando ocurren situaciones que le impiden hacer las cosas a su modo y de acuerdo a sus expectativas.

El controlador tiende a “adelantarse”, es decir, a intentar prever todo para mañana. Su actividad mental es muy intensa. Cuanto más profunda sea la herida, más deseará tener el control y prever el porvenir, sobre todo para evitar sufrir la traición. El principal inconveniente de esta actitud es que este tipo de persona quiere que todo suceda tal como lo previó, pues son muchas sus expectativas con respecto al futuro. Esta actitud también le impide vivir adecuadamente el momento presente.

El controlador llega temprano para garantizar que tendrá control sobre todo. Se impacienta si termina un trabajo con retraso o cuando alguien le promete un trabajo y lo entrega tarde. Esta dificultad le viene principalmente con las personas del sexo opuesto, con las cuales se enerva más rápidamente que con los demás.

Le es difícil delegar una tarea y depositar su confianza en otros. Tiende a verificar continuamente se si está realizando según sus expectativas. Es más exigente con quienes le rodean que consigo mismo. Sin embargo, confía con mayor facilidad en las personas de su mismo sexo y supervisa y controla adicionalmente a las del sexo opuesto. Cabe recordar que la herida de traición se despierta en él cada vez que tiene frente a sí a alguien que no cumple con sus compromisos.

El controlador, que se considera muy trabajador y responsable, tiene problemas con la pereza. Detesta que no confíen en él, pues se considera tan responsable y talentoso que supone que los demás deberían hacerlo siempre. Sin embargo, no se percata de cuán difícil le resulta a él confiar en los demás. Les resulta difícil fiarse de cualquiera, ya que temen que la confianza o las confidencias se utilicen algún día en su contra. Debe realmente tener confianza en la persona para que ésta llegue a ser su confidente. Sin embargo, es el primero en decir a los demás lo que le han confiado, aunque justificará que tuvo un buen motivo para hacerlo.

Le gusta añadir su punto a lo que los demás dicen o hacen. Por lo general, le gusta decir la última palabra.

Se ocupa mucho de los asuntos de los demás. Como es rápido en ver todo lo que sucede a su alrededor y se considera más fuerte que el resto de la gente, se hace cargo de todo fácilmente. Cree que debe ayudar a los demás a organizar sus vidas, sin percatarse de que actúa así para controlar. Al ocuparse de los otros, puede controlar lo que desean hacer, así como y cuando hacerlo. Cuando el controlador se hace cargo de los problemas de los ajenos, siente que los demás son más débiles que él; ésta es una forma disfrazada de mostrar sus propia debilidad. Cuando una persona no cree realmente en su propia fuerza, hace todo lo posible por intentar demostrarla a los demás.

El controlador, además, es muy sensible, pero ésta sensibilidad no parece ser considerable, ya que está demasiado ocupado en demostrar su fuerza. El ego del controlador se altera fácilmente cuando alguien lo reprende por lo que hace, pues le disgusta sentirse observado, sobre todo, por otro controlador. Le resulta difícil tratar con personas autoritarias, pues cree que quieren controlarlo. Se justifica y siempre tiene un buen motivo para hacer las cosas a su modo. Rara vez admite sus temores y prefiere no hablar de sus debilidades. Quiere hacer las cosas a su manera, pero para que los otros lo reconozcan, lo feliciten y, sobretodo , para que comenten lo bien que lo hace.

No quiere mostrar su vulnerabilidad por temor a que alguien la aproveche y lo controle. Prefiere mostrarse valiente, audaz y fuerte en la mayoría de las ocasiones.

Por lo general no actúa sino a su antojo. Dice a los demás lo que desean escuchar pero no se percata de ello y acaba por hacer las cosas según su voluntad.

Cuando alguien intenta convencer al controlador de una idea nueva, es muy fácil que su reacción sea de escepticismo. Lo más difícil para él es que lo pillen por sorpresa sin haber tenido tiempo para prepararse. Al no estar preparado, corre el riesgo de no tener el control, y en consecuencia, de ser controlado.

El controlador también es rápido para considerar hipócritas a los demás debido a su gran desconfianza. Sin embargo, debido a su comportamiento manipulador, con frecuencia se diría que él es el hipócrita. Por ejemplo, cuando las cosas no marchan como él quiere, monta en cólera y habla a espaldas de la persona correspondiente sin percatarse de que en ese momento es él el hipócrita.

Al controlador le aterroriza que le mientan. Si embargo, él mismo miente con frecuencia, aunque para él lo que dice no son mentiras.

La reputación del controlador es muy importante. Cuando alguien hace o dice algo que pueda afectar a la buena reputación que intenta mantener, se siente insultado o monta en cólera porque lo vive como una gran traición. Cuando habla de si mismo no se revela del todo, sino sólo lo que le da una buena reputación.

A las personas controladoras no les gusta encontrarse en situaciones en las que no pueden dar respuesta a una pregunta. Es por ello que a la mayoría les interesa el conocimiento, así como aprender sobre diversos temas. Les resulta muy difícil confesar que no saben algo.

El controlador también le teme a los compromisos, lo que proviene de un miedo aún más profundo: el miedo a la ruptura de un compromiso. Él cree que no cumplir con su palabra y deshacer un compromiso es sinónimo de traición, y por tanto se siente obligado a cumplir con lo que ha prometido, mientras que si asume demasiados compromisos, se sentirá aprisionado. Antes de tener que deshacer el compromiso, prefiere no comprometerse.

“Muchas personas que tiene la herida de traición han sufrido porque el progenitor sel sexo opuesto no cumplía sus compromisos según sus expectativas infantiles de un progenitor ideal.”

Mencioné antes que el controlador no confía fácilmente. Sin embargo, tendrá más confianza si no hay interés sexual de por medio. Es muy seductor, pero cuanto más profunda sea la herida, más preferirá que los del sexo opuesto sean amigos más que amantes. Se siente más en confianza como amigo y utiliza la seducción para manipular a los otros, lo que por lo general le da buenos resultados. Es especialista en encontrar cualquier medio para seducir. Cuando hablo de seducir, no me refiero necesariamente a la seducción sexual, ya que el controlador utiliza la seducción en todos los ámbitos de la vida.

El mayor temor del controlador es la disociación en todas sus formas. Para este tipo de persona es sumamente difícil separarse de su pareja, lo que ve como una disociación y representa una derrota inmensa. La separación le recuerda que no tuvo control sobre la relación. Sin embargo, parece que los controladores son los que más se separan y viven rupturas. Si temen comprometerse es porque también temen la separación. Este temor les induce a atraer relaciones amorosas en las que el otro no tiene intención de comprometerse.

De acuerdo con mis observaciones, la herida de abandono, en la mayoría de los controladores, se desarrolló antes que la de traición. Los que deciden desde muy pequeños no ver o no aceptar su lado dependiente (su herida de abandono), desarrollan la fuerza necesaria para ocultar su herida de abandono, y en ese momento comienza a crear una máscara de controlador. Si se mira bien a esta persona, se verá la máscara de dependiente en sus ojos (ojos tristes o caídos), en su boca caída o en algunas partes del cuerpo encorvadas o que carecen de tono muscular.

En algunas personas, la herida de abandono predomina sobre la traición, mientras que en otras ocurre lo contrario y la máscara de controlador es la que sobresale.

Ahora, de acuerdo a mis observaciones, he comprobado que una persona puede sufrir abandono sin padecer necesariamente traición, pero que la que sufre traición también sufre abandono.

La negación es otro gran temor para el controlador, ya que para él recibir una negativa significa ser traicionado. Sin embargo, no se da cuenta del número de veces en que niega a los demás y los elimina de su vida. Por ejemplo, no da otra oportunidad a quienes han perdido su confianza, y con frecuencia no querrá siquiera dirigirlas la palabra. Cuando monta en cólera y, sobretodo, si las cosas no marchan de acuerdo a sus expectativas, fácilmente puede dar la espalda a alguien en plena conversación o dejarlo hablando solo en una llamada telefónica. Cuántas veces he oído decir a personas controladoras: “Ya no quiero saber nada de…”. No se percata de que con esa actitud, niega a los demás.

Como el controlador es seductor, su vida sexual por lo general no suele ser satisfactoria más que en respuesta a la seducción. Esta es la razón por la que al controlador le gusta enamorarse; es decir, el aspecto apasionado de la relación. Cuando la pasión comienza a extinguirse, busca un medio para que la idea de finalizar la relación provenga del otro, y así no se le acusará de traición.

La mujer controladora con frecuencia tiene la impresión de que los hombres la engañan y, por consiguiente, se encuentra a la defensiva.

En lo que se refiere a la alimentación, el controlador tiende a comer rápido porque no tiene tiempo que perder. Puede llegar incluso a olvidarse si está muy inmerso en alguna tarea importante. De los cinco tipos de caracteres, es el que adereza y sala sus alimentos.

Las enfermedades más comunes en el controlador son:

  • Agorafobia, temor a la locura.
  • Enfermedades de control o flexibilidad, como las relacionadas con articulaciones, principalmente rodillas.
  • Es el más propenso a enfermedades de pérdida de control de determinadas partes del cuerpo, como hemorragias, impotencia sexual, diarrea…
  • Problemas en el sistema digestivo, sobretodo el hígado y estómago.

Es importante que te percates de que el progenitor del sexo opuesto con el que vives esta herida probablemente vivió y vive aún la misma herida que tú con su propio progenitor del sexo opuesto.

Recuerda que la causa principal de una herida se deriva de nuestra incapacidad de perdonar lo que nos hacemos a nosotros mismos o lo que hacemos sufrir a otros. Nos es difícil perdonarnos ya que, por lo general, no tenemos conciencia de lo que nos reprochamos. Cuanto más profunda sea la herida de traición, más significará que traicionas a los demás o que te traicionas de ti mismo al no confiar o no cumplir contigo mismo tus propias promesas.

Reprochamos a los demás lo que nos hacemos a nosotros mismos y no queremos ver. Esta es la razón por la que atraemos a nuestro alrededor a personas que nos demuestran lo que hacemos a otros o lo que nos hacemos a nosotros mismos.

La vergüenza es otro recurso para adquirir conciencia de que nos traicionamos a nosotros mismos o a otras personas. De hecho, vivimos un sentimiento de vergüenza cuando queremos ocultarnos u ocultar un comportamiento.

La actitud propia del que controla es dictada por el temor a revivir la herida de traición.

Si identificas esta herida en otras personas que conoces, no intentes cambiarlas. Utiliza lo que aprendas aquí para ser más compasivo con ellas y para comprender mejor las actitudes ante las que reaccionan.

Características de la herida de traición:

Surgimiento de la herida: entre los dos y los cuatro años de vida. Pérdida de confianza o expectativas no satisfechas en la conexión amor=amor sexual. Manipulación.

Máscara: controladora.

Progenitor: del sexo opuesto.

Cuerpo: muestra fuerza y poder. En el varón, los hombros son más anchos que las caderas. En la mujer, las caderas son más amplias y fuertes que los hombros. Pecho y/o vientre abombados.

Ojos: mirada intensa y seductora; ojos que ven todo rápidamente.

Vocabulario: “disociado”, “separado”, “¿me entiendes?”, “soy capaz”, “deja que lo haga yo solo”, “lo sabía”, “confía en mí”, “no confío”.

Carácter: se cree muy responsable y fuerte. Intenta ser especial e importante. No cumple sus compromisos y sus promesas o para cumplirlos tiene que esforzarse. Miente fácilmente. Manipulador. Seductor. Tiene muchas expectativas. Estado de ánimo dispar. Está convencido de que siempre tiene la razón, intenta convencer a los demás de ello. Impaciente. Intolerante. Comprende y actúa rápidamente. Actúa como si fuera un actor para destacar. Comediante. Difícilmente confía en otros. No muestra su vulnerabilidad. Escéptico. Difícilmente deshace compromisos.

Mayor temor: la disociación, la separación, la negación.

Alimentación: buen apetito, come rápido, añade sal y especias a las comidas. Puede controlarse cuando está ocupado, pero en otras ocasiones lo pierde.

Enfermedades posibles: enfermedades de control y de pérdida de control, agorafobia, espasmofilia, sistema digestivo, males que terminan en “itis”, herpes bucal.

Fuente: Las cinco heridas que impiden ser uno mismo, Lise Bourbeau

En esta ocasión no se me ha venido a la cabeza alguna película que trabaje esta herida. Si a alguien se le ocurre, que me lo haga saber.

Terminamos con un vídeo de samba de una cantante que ha sido un descubrimiento para mí, Stacey Kent. Empezamos con ritmo brasileño y una sonrisa la semana y el mes. 🙂 😉

Un abrazo enorme,

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